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jueves, 1 de agosto de 2019

ESTO SÍ ES CRISIS Y NO PAYASADAS: ALEMANIA EN EL PERÍODO ENTREGUERRAS

Yo soy de esa generación conocida en México como "generación de crisis", pues desde que nací a principios de los setenta, con cada nuevo gobierno mexicano he vivido crisis económicas (en mayor o menor grado, desde luego). Pero en realidad los mexicanos somos muy chillones, porque crisis, lo que se dice crisis, no la hemos padecido en realidad. Y si no me crees, te voy a contar un fragmento de la historia de Alemania para que sepas lo que es una auténtica crisis y no payasadas, con una hiperinflación de miedo.

Después de la Primera Guerra Mundial, Alemania se vio envuelta en una serie de acontecimientos que cambiaron por completo su forma de vida. En 1919 se transformó en república, desapareciendo así las diferentes dinastías reales (algunas de ellas milenarias, como la de los Wittelsbach en Baviera) que habían gobernado en su territorio con anterioridad a esa fecha. La reciente unión que se había logrado en 1870 se vio rápidamente cuestionada y en serio peligro de terminar. La república de Weimar no consiguió hacerse respetar y se vio obligada a enfrentar un gran número de golpes provenientes de todos los frentes. Monarquistas, comunistas, nacionalsocialistas, católicos, luteranos, todos se oponían a ella.


Por otro lado, las fuertes indemnizaciones de guerra y las diferentes crisis económicas mundiales que se desataron a principios y finales de los años veinte provocaron en Alemania una gran miseria y un gran resentimiento hacia los países aliados (principalmente Francia e Inglaterra), pues para mucha gente ellos, junto con los políticos republicanos, eran los culpables de la grave situación económica. Y es que la crisis en Alemania se desató de forma incontrolable. La inflación llegó a niveles escandalosos dándose inclusive el caso de que los billetes se imprimieran por un solo lado para ahorrarse tiempo y tinta.

Todas estas circunstancias fueron aprovechadas por Hitler y su partido nacionalsocialista para convencer a los alemanes de que sólo ellos podrían devolverle al país su antigua grandeza. La crisis económica no fue el único factor que contribuyó al ascenso de Hitler al poder, pero si fue, sin duda alguna, uno de los que más lo favorecieron.


EL TRATADO DE VERSALLES

Al final de la Primera Guerra Mundial, Alemania, dándose cuenta que sus fuerzas estaban por llegar al límite de resistencia aunado a un enorme descontento popular que se estaba traduciendo en huelgas obreras e inclusive movimientos revolucionarios, decidió solicitar la paz a los aliados. Éstos se reunieron en el palacio de Versalles, a las afueras de París, donde el 4 de noviembre de 1918, establecieron las condiciones preliminares de paz para Alemania. El armisticio se firmó pocos días después, el 11 de noviembre con lo que oficialmente terminó la guerra.

Sin embargo, la Conferencia de Paz inició sus sesiones hasta el 18 de enero de 1919, bajo la presidencia de George Clemenceau, y a los delegados alemanes se les permitió llegar hasta el 28 de abril.

Alemania fue duramente castigada. El 30 de abril de 1919 los alemanes se vieron obligados a ceder Shantung (en China) a los japoneses y el 6 de mayo la Conferencia de Paz dispuso de las colonias africanas alemanas, asignando el África Oriental Alemana a Inglaterra, el África Sudoccidental Alemana a Sudáfrica y Togo y Camerún a Francia.

Conferencia de paz en el Palacio de Versalles. 1919.


Tras duras negociaciones, el 22 de junio de 1919 la Asamblea Nacional de Weimar autoriza la firma del Tratado y el 28 siguiente los delegados alemanes firman el Tratado de Paz de Versalles.

La República de Weimar tuvo que aceptar las condiciones impuestas por los aliados, que incluyeron el pago de cuantiosas indemnizaciones, la pérdida de aproximadamente el trece por ciento de su territorio y la ocupación del Sarre y el Rin por las fuerzas aliadas. Entre otros territorios, Alemania perdió el Schleswig, transferido a Dinamarca el 5 de julio de 1920; Eupen y Malmedy, transferidos a Bélgica el 20 de septiembre del mismo año; Danzig, proclamada ciudad libre el 9 de noviembre siguiente; Alsacia y Lorena, recuperadas por Francia; y la Silesia Superior, cedida a Polonia.

En Versalles, Alemania y sus aliados fueron obligados a reconocerse culpables de iniciar la guerra, lo que pronto sería acremente atacado por la propaganda nazi como “la extorsión por la mentira de la culpa de la guerra”. Pero la firma del Tratado de Paz no incluía a todos los aliados, pues Rusia no lo hizo sino hasta el 6 de mayo de 1921, y los Estados Unidos hasta el 25 de agosto del mismo año.


SURGIMIENTO DE LA REPÚBLICA DE WEIMAR

El 9 de noviembre de 1918, estalló la revolución en Berlín, provocando la renuncia del primer ministro, el príncipe Max von Baden y la abdicación del káiser Guillermo II, quien se refugió en la vecina Holanda. Ese mismo día se proclamó la República y un Consejo de Delegados del Pueblo asumió el poder.


El 25 inmediato, tuvo lugar en Berlín una reunión de los representantes de los nuevos gobiernos estatales, que decidieron la elección de una Asamblea Nacional Constituyente, idea que fue combatida de inmediato por un grupo anarquista conocido como “los espartaquistas”. Éstos realizaron una revuelta en Berlín el 5 de enero de 1919, misma que fue aplastada por el gobierno provisional con ayuda del ejército. Por estas fechas, se creó el Partido Nacionalsocialista, aunque en su origen fue un grupo residual y Hitler todavía no formaba parte de él.


El 19 de enero del mismo año, se realizó la elección de la Asamblea Nacional, encargada de redactar una constitución para la nueva república. Esta Asamblea se integró por una mayoría socialdemócrata, con 163 escaños; el centro, con 88; los demócratas, con 75; los nacionalistas, con 42; los socialistas independientes, con 22; y otros grupos más pequeños, con 31.

Una vez electa, la Asamblea Nacional se reunió en la ciudad de Weimar. El 11 de febrero de 1919, Friedrich Ebert fue elegido primer presidente de la República Alemana.

Pero la nueva república se vería pronto amenazada por la secesión de varios de sus estados. El 1 de junio de 1919 se proclamó la República del Rhin, instigada y apoyada por Francia, que luego habría de caer debido a la hostilidad de sus habitantes. Al poco tiempo, en Baviera surgió una república comunista, independiente del gobierno de Berlín. Sin embargo, todos estos intentos de desmembrar a Alemania, terminaron por fracasar.

Se proclama en las calles la República de Weimar

En el ámbito político, la situación no era más halagüeña, a pesar de que el 31 de julio de 1919 se adoptó la Constitución de Weimar. Como si fueran presidentes mexicanos del siglo XIX, los primeros ministros alemanes se sucedían de forma ininterrumpida tras un corto período en el poder: Scheidemann, en 1919; Gustav Bauer, socialista, hasta 1920; Hermann Müller, quien renunció el 8 de junio del mismo año; Konsantin Fehrenbach, quien se retiró en 1921 y fue sustituido por Julius Wirth, del partido Católico del Centro, quien se mantuvo hasta 1922; Wilhelm Cuno, hasta 1923; Gustav Stresemann, quien no logró terminar ese año y fue sustituido por Wilhelm Marx, de tendencias centristas. Éste renunció el 26 de mayo de 1924 tras fracasar las negociaciones sobre la unión de nacionalistas y moderados y fue sustituido por Hans Luther. En los siguientes años, las cosas no cambiarían.

Al mismo tiempo, los intentos de golpe de estado se convirtieron en algo recurrente. El que tendrá más trascendencia para la historia posterior de Alemania, aunque en ese momento no se viera así, fue el protagonizado en Munich por Adolfo Hitler y el general Ludendorff, del 8 al 11 de noviembre de 1923 y que terminó con Hitler en la cárcel Todas estas circunstancias, provocaron un gran debilitamiento de la república, lo que sería aprovechado después por los nacionalsocialistas para acceder al poder y desaparecer formalmente el primer intento alemán por constituir un gobierno republicano y democrático.


EL ASUNTO DE LAS INDEMNIZACIONES DE GUERRA


Uno de los principales puntos del Tratado de Versalles, era el referente a las indemnizaciones de guerra que Alemania debía pagar a los aliados, principalmente a Francia, Inglaterra, Italia y Bélgica. El asunto en cuestión provocaría fricciones entre estos países por más de 14 años.

El 21 de junio de 1920, el Supremo Consejo Aliado ordenó a Alemania hacer 42 pagos anuales de indemnización, pero los alemanes solicitaron que éstas fueran revisadas por un consejo que se reunió en la ciudad de Spa del 5 al 16 de julio del mismo año.

Al no ponerse de acuerdo, los alemanes y los aliados se reunieron una vez más a finales de ese año en Bruselas, pero será hasta la Conferencia Aliada de París, celebrada del 24 al 29 de enero de 1921, que se fijarán las indemnizaciones que debería pagar Alemania, y que ascendieron a la suma de 6,650 millones de libras.

A pesar de ello, el 8 de marzo de 1921, las tropas francesas ocuparon Düsseldorf y otras ciudades del Ruhr, porque Alemania no había realizado los primeros pagos. Esto obligó al gobierno alemán a declarar su imposibilidad de pagar 600 millones de libras de indemnización que adeudaba hasta el 1 de mayo del mismo año.

Por su parte, los ingleses promulgaron una Ley de Recuperación de Indemnizaciones, que el 24 de marzo impuso un 50 por ciento de aranceles a los productos alemanes, con el fin de obligarlos a pagar las indemnizaciones de guerra.

El 11 de mayo, Alemania aceptó esta especie de ultimátum aliado, y comenzó a realizar sus pagos, por lo que los aranceles británicos a productos alemanes bajaron al 26 por ciento.

Estas fuertes erogaciones realizadas por Alemania, aunado a la ocupación del Ruhr y del Sarre por las tropas aliadas, obligaron al gobierno de Berlín a proclamar el estado de emergencia, mismo que se prolongó del 29 de agosto al 16 de diciembre de 1921. Durante este primer período de crisis, los alemanes consiguieron un acuerdo con Francia para realizar el pago de las indemnizaciones en especie. Ello, sin embargo, no evitó que el 12 de noviembre de 1921, se diera una rápida caída del marco alemán.

El 16 de diciembre, Alemania solicitó una moratoria de pagos que fue aceptada en enero de 1922 por la Conferencia Aliada de Cannes. A pesar de ello, Francia volvió a insistir en el pago, por lo que firmó un acuerdo con los alemanes para que éstos le pagaran con materias primas. Ante esto, en agosto del mismo año la Comisión de Indemnizaciones aceptó la propuesta belga de que Alemania pagara con bonos del Tesoro.

Pero una vez más, Alemania se vio imposibilitada de pagar, por lo que en enero de 1923, tropas francesas y belgas ocuparon el Ruhr para presionar a Alemania. Ésta decidió reaccionar con una política de resistencia pasiva que exacerbó al gobierno francés, aumentando por ello el boicot contra Alemania. Así, la economía germana se paralizó.

Soldados franceses en el Ruhr


La situación comenzó a mejorar para Alemania cuando se firma un Tratado Germano-Norteamericano de Comercio y Amistad el 8 de diciembre de 1923, lo que provocó un cambio de actitud por parte de los ingleses, quienes decidieron reducir los aranceles a productos alemanes al 5 por ciento, consiguieron la aprobación de un préstamo internacional para Alemania en 1924 y, por último, celebraron un acuerdo comercial con este país. Además, el 3 de abril de 1925, Inglaterra derogó la Ley de Recuperación de Indemnizaciones.




Al quedarse solos, los franceses y los belgas iniciaron el retiro de sus tropas de la región del Ruhr. Después de ello, todo permaneció en relativa calma hasta 1929, año en que se apruebó el Plan Young. Este Plan estipulaba que los alemanes deberían de realizar pagos anuales hasta el año de 1988. La cuantía de estos pagos se basaba en las deudas de guerra que los aliados habían contraído entre sí, además de los subsidios destinados a cubrir las reparaciones por daños de guerra, especialmente en Francia. Los resultados fueron unas cifras que iban subiendo durante treinta y seis años desde unos 1,600 millones de marcos a unos 2,300 millones; en los últimos veintidós años, los pagos cubrirían únicamente las deudas de guerra, desde unos 1,600 a unos 1,700 millones de marcos. Una parte de estas anualidades debía ser transferida en moneda extranjera inmediatamente; el remanente podía ser aplazado si el estado del marco lo requería así. El 13 de agosto de 1929, en la Conferencia sobre Indemnizaciones de La Haya, Alemania aceptó el plan Young y los aliados decidieron evacuar el Rhin.

Pero presionado por los nacionalsocialistas, que contaban cada vez con más poder dentro del Reichstag, el gobierno alemán declaró en 1932 que Alemania no podría seguir ni seguiría pagando las indemnizaciones. Ante el temor de una nueva guerra, los antiguos aliados transigieron y, por fin, el 9 de julio de 1932, en la Conferencia sobre Indemnizaciones de Lausana, Alemania aceptó la propuesta de un último pago condicional de 3,000 millones de marcos. Pocos meses después, Adolf Hitler se convertiría en canciller de Alemania, dando inicio a la peor pesadilla posible.


LA CRISIS ECONÓMICA DE 1922 Y 1923

Al término de la Primera Guerra Mundial, Alemania se encontraba física y moralmente agotada. Eso, aunado a las enormes sumas que los aliados exigían como indemnizaciones, había trastornado la vida alemana. Hasta 1922, la inflación había estado asociada a una cierta prosperidad. La masa de dinero en circulación creó un alto nivel de demanda y, en cuanto se hizo evidente que estaba en marcha una drástica inflación, los que tenían dinero se mostraron cada vez más deseosos de convertir su dinero en bienes con un valor real. De esta manera se estimuló aun más la inversión y el consumo. La producción industrial aumentó rápidamente, mientras el paro se reducía de forma drástica. En 1922, el promedio de desempleados registrados era sólo de 77,000 personas.

Billete de un billón de marcos


Pero la ocupación francesa de la cuenca carbonífera del Ruhr, como consecuencia de la resistencia pasiva del gobierno germano al pago de las indemnizaciones, aceleró la caída del marco alemán. Una inflación desenfrenada devastó a la economía de la República de Weimar en 1922 y 1923, anulando pronto a la mayoría de las grandes fortunas privadas. Los precios subían tan rápidamente que, al final, el salario diario de un obrero alcanzaba quizás para un cuarto de mantequilla cuando lo recibía. Como las imprentas del gobierno seguían emitiendo papel moneda en cantidades astronómicas, el valor del marco se deterioró hasta el punto de llegar a valer 136,000,000,000 marcos por un dólar.

Por estos motivos, el 26 de junio de 1922 el gobierno autorizó un decreto de emergencia para proteger la economía. Sin embargo, la crisis continuó cada vez con mayor fuerza. Para septiembre de 1923, los intereses bancarios se elevaron en Alemania al 90 por ciento, y en octubre del mismo año, el valor del marco baja a 10,000 millones por libra.

Billete de cien billones de marcos


Billetes de banco sobrecargados muchas veces de cifras fantásticas (diez mil millones, cien mil millones), etiquetas de precios cambiadas tres veces al día en los escaparates de las tiendas, remuneración en especie a los funcionarios y empleados y retroceso al sistema primitivo del trueque, son algunos de los principales aspectos de aquel hundimiento del marco que terminó provocando una profunda revolución social.

Al enorme grupo de desempleados de la industria, pronto se agregó una muchedumbre igualmente densa: la de los desposeídos. Hacendados despojados de los bienes raíces por su granjero, que adquiría una gran posesión por el precio de un pedazo de manteca; oficiales sin sueldo agrupados en cuerpos de mercenarios dispuestos a sostener un golpe de estado; jóvenes separados de sus familias; estudiantes reducidos a mendigar en los jardines públicos para poder proseguir sus estudios; en fin, una nueva plebe burguesa poco resignada a una miseria que nunca había conocido.

En las primeras fases de la inflación, la caída del marco era seguida con ávido interés en Berlín. Un aviso en una tienda indicaba que “no se cambiarán billetes de 10,000 marcos”. Denominaciones tan pequeñas rápidamente caían en desuso. Las grandes empresas emplearon canastos de lavandería para recoger de los bancos voluminosas cargas de dinero recientemente emitido. Tan pronto como los obreros recibían su salario –con frecuencia al término del día- sus esposas se precipitaban hacia las tiendas para convertir el dinero en comestibles, antes de que los precios subieran más.


Billete de mil millones de marcos


La inflación supuso un beneficio para los productores y, sobre todo, para los propietarios directos de los medios de producción y, por otro lado, una pérdida para los que poseían bienes con un valor monetario fijo y para los que dependían de salarios fijos. Los trabajadores asalariados resultaron muy afectados. Así, en 1922 los sueldos de los más altos funcionarios del gobierno apenas rebasaron un tercio de su nivel real de 1913. Durante el período de inflación, los pensionistas se vieron reducidos a condiciones de extrema miseria. Asimismo, aquellos que habían prestado dinero a interés fijo, quedaron arruinados, ya que sólo podían recuperar sus créditos en papel sin valor. En vez de hallarse en posesión de una renta segura, únicamente tenían papel inútil y sin ningún valor real.

Todo aquel que antes de la inflación o durante ésta fue capaz de conseguir en préstamo una suma fija de dinero y convertirla en bienes sólidos, no hizo de hecho más que apoderarse de los recursos de aquellos que le concedieron los créditos.




Curiosamente, los bancos continuaron prestando dinero a los industriales en condiciones que no tomaban en cuenta el proceso inflacionario, por lo que la inversión experimentó un gran auge en los primeros meses de la inflación. Los fabricantes dedicados a la exportación lograron grandes beneficios, ya que el descenso de la cotización internacional del marco fue un proceso más rápido que el aumento de los precios interiores alemanes.

Finalmente, el círculo vicioso fue roto con la introducción de una nueva moneda dura basada en el valor de los bienes raíces, en noviembre de 1923. Esta moneda fue puesta en circulación el 15 de noviembre de 1923, junto con la apertura del Rentenbank, cuya finalidad era poner a prueba y estabilizar la economía alemana.











Por desgracia, al terminar la inflación se redujeron las grandes inversiones y se puso fin a la ilimitada demanda de bienes del período inflacionario. De inmediato, la actividad económica decayó sensiblemente y el desempleo aumentó, afectando a más de la cuarta parte de los trabajadores en activo a finales de 1923.


LA CRISIS ECONÓMICA DE 1930-1933

A principios de 1924, los aliados, que cada vez lo eran menos, presentaron el Plan Dawes impulsado por los Estados Unidos, cuya finalidad era, entre otras cosas, el saneamiento de las finanzas alemanas, comenzando por la estabilización de su moneda. En virtud de este Plan, se concedió a Alemania un importante préstamo internacional, utilizado por el presidente del Reichsbank, Dr. Schacht, para estabilizar el marco e introducir el patrón oro. Así, a fines de ese año, Alemania se encontraba ya en vías del restablecimiento económico, pues al sanear su moneda, la Banca internacional volvió a abrirle el crédito, por lo que los industriales obtuvieron innumerables empréstitos a corto plazo.

Niños alemanes jugando con fajos de billetes.


Por otro lado, en 1926 Alemania consiguió ser aceptada como miembro de la Sociedad de Naciones, recibiendo un puesto permanente en el Consejo. Esto provocó que el país comenzara a recibir un trato muy diferente por parte de los antiguos aliados. El efecto del cambio se dejó sentir inmediatamente. El pueblo quería la paz, y en cuanto comenzó a tener empleo, disminuyeron los conflictos interiores y se atenuó la guerra civil que amenazaba a la República. No es de extrañar que en esos años el nazismo perdiera fuerza política y electoral de forma considerable.

A partir de ese año, y con excepción del “Viernes Negro” (13 de mayo de 1927), en que se derrumbó por poco tiempo el sistema económico alemán, y hasta 1929, la producción industrial se incrementó, alcanzando en 1927 un nivel superior al de 1913. Las ganancias de los obreros aumentaron en casi un tercio entre 1925 y 1929. Alemania llegó a tener ocupada a casi toda su población activa, bordeando realmente el pleno empleo. Se fundaron una multitud de fábricas nuevas y se construyeron impresionantes complejos industriales. Otras fábricas fueron reconstruidas o modernizadas. Nuevas máquinas y nuevos métodos de trabajo enriquecieron el aparato de la producción. Krupp, que durante la guerra sólo construía material bélico, se dedicó a producir máquinas agrícolas, cajas registradoras, acero para la marina mercante, etc. La Gutehoffnung-Hütte, la empresa alemana más fuerte en la producción de acero, empleó veinte millones de dólares en la reforma de su estructura productiva.

La fila para comprar el pan.


Pero este crecimiento económico estaba basado en los préstamos exteriores, principalmente de los Estados Unidos. Por ello, durante la caída de la bolsa de Nueva York en 1929, la afluencia de capitales a Alemania disminuyó sensiblemente. El resultado fue que se redujo la inversión y se crearon las condiciones para una crisis de gran envergadura en la balanza exterior de pagos. Así, a pesar de que Alemania poseía una de las industrias más modernas del mundo, se vio sumergida en la gran depresión de la economía mundial. El gran industrial alemán Krupp von Bohlen, decía con toda razón que “fabricar es una cosa y vender, otra”. Alemania fabricaba en grandes cantidades, pero los mercados internacionales, afectados por la crisis, no podían comprarle.

La depresión comenzó en 1929. La pobreza de las clases bajas se hizo crítica. Las personas hacían largas colas para el pan en los centros industriales y la gente desempleada recogía carbón entre los desechos de las fábricas.


Empapelando una pared con billetes.


El marco se vio sometido a grandes presiones. El gobierno respondió adoptando violentas medidas deflacionarias para mantener bajos los precios en el interior de Alemania y conservar la cotización de la divisa. Se excluyó la devaluación, imponiéndose un superávit presupuestario ante el temor de que ésta hiciera renacer la inflación de 1923.

Bajo el gobierno de Brüning, en 1930-1932, los sueldos de los funcionarios fueron reducidos en una quinta parte y se impuso una reducción salarial general del diez al quince por ciento, mientras se aumentaron los impuestos y se redujeron los subsidios de paro. La demanda de productos industriales se vio reducida por la fuga de capitales, el descenso de la demanda de exportaciones resultante de la crisis económica a nivel mundial y la deliberada política gubernamental.

En 1923 una barra de pan costaba 460 millones de marcos.


Por otro lado, el 11 de mayo de 1931, la quiebra del Kreditanstalt austríaco inició el colapso financiero en Europa central, y el 13 de julio del mismo año, la bancarrota del Danatbank alemán causó el cierre de todos los bancos del país, hasta el 5 de agosto.

La producción industrial descendió a cerca de un cincuenta y ocho por ciento de su nivel de 1928-1929. El paro afectó a más de seis millones de trabajadores. En julio de 1932, cerca de la mitad de los obreros sindicalizados estaba desempleado. Pero el desempleo no afectó únicamente a los obreros industriales, sino que se extendió a los empleados que pertenecían a la clase media. La caída de la demanda golpeó a tenderos, artesanos y pequeños comerciantes, debido a que su posición era sumamente delicada, ya que las grandes inflaciones de los años anteriores habían terminado con sus ahorros.

Recolección de billetes alemanes devaluados para su reimpresión.


El Estado se encargaba, a pesar de todo, de sostener a las personas desempleadas a través de subsidios. Con ello, el obrero alemán podía alimentarse con pan, patatas y verdura. Una vez a la semana podía comprar carne, y a veces hasta recibía alguna mantequilla. Pero el seguro de paro sólo era eficaz durante los primeros seis meses. Después, el Estado se olvidaba de los desempleados y la manutención de éstos quedaba a cargo de la beneficencia municipal. Entonces la ayuda quedaba reducida a lo mínimo. Ya no había carne ni mantequilla. La dieta del desempleado se reducía así a patatas y verduras.

Además de los desempleados, había muchos obreros que sólo trabajaban tres o cuatro horas diarias. A muchos otros se les había reducido el jornal. De esta forma, en 1930 Alemania se convirtió de nuevo, como en 1923, en una nación de mendigos.

Saliendo a comprar leche.


La política deflacionaria del gobierno había conducido a una contracción del crédito que hizo aun más vulnerables a los pequeños negocios. Por consiguiente, los miembros de esta clase se vieron enfrentados no sólo al peligro de perder las comodidades de que disfrutaban, sino al temor de que su estatus quedara reducido; lo temible para ellos era disminuir al rango de la clase obrera.

Además, la agricultura en Alemania se encontraba en estado crítico. A pesar de los aranceles proteccionistas, los precios de los alimentos cultivados eran considerablemente reducidos. En 1930, los productos agrícolas alemanes se vendían en un trece por ciento por arriba de su precio de 1913, mientras que los demás bienes de consumo habían aumentado en un sesenta por ciento. Esto provocaba que los agricultores se encontraran muy endeudados y se vieran en dificultades para poder pagar sus préstamos. En 1932, la producción agrícola alemana se vendió en el sesenta y cinco por ciento de lo obtenido en 1928.

¿No hay leña? No te preocupes, aquí hay unos cuantos billetes...


Bajo estas circunstancias, en 1932 los nacionalsocialistas llegaron al poder. Hitler fue nombrado canciller, pues supo aprovechar el enorme resentimiento que había contra los políticos tradicionales de derecha y el miedo de la clase media alemana a los comunistas.

Los años posteriores a 1933 fueron años de resurgimiento y expansión económicos. El paro desapareció casi en su totalidad. El promedio de desempleados registrado en 1932 era de 5.5 millones de personas, mientras que en 1938 se había reducido a menos de medio millón. Esto se consiguió principalmente ampliando la política de concesión de créditos a los industriales mediante certificados de exenciones fiscales, en especial a aquellos dispuestos a admitir mano de obra adicional.

Hitler aumentó el gasto para realizar importantes obras públicas, principalmente carreteras, además de invertir grandes sumas en el rearme del ejército. El resultado de todo esto fue un desarrollo económico sostenido que primero alcanzó los niveles de los años anteriores a la depresión y después los superó. Asimismo, se fomentó el ahorro privado mediante el mantenimiento del alto nivel impositivo de la época de la depresión, y se controlaron los precios, mientras los salarios, fijados por comisarios nombrados por el gobierno en vez de por la negociación entre sindicatos y patronos, fueron congelados.

Gente cochina que tira sus billetes a la calle...


El pleno empleo y el alto nivel de los precios al interior de Alemania (el marco no fue devaluado para evitar que se desencadenara el pánico por una posible inflación) hicieron descender las exportaciones y estimularon las importaciones. Este proceso se vio frenado por cuidadosas medidas para controlar las divisas y restringir las importaciones. Junto con esto, se tomaron una serie de acciones dirigidas a desarrollar el comercio bilateral con Europa sudoriental y América Latina. Alemania compraba alimentos y materias primas a unos precios superiores a los del mercado mundial y pagaba en marcos bloqueados que sólo podían ser usados para comprar en Alemania; gracias a esto, la hegemonía económica alemana quedó pacíficamente implantada en el sudeste europeo. A principios de 1939, más de la mitad de las exportaciones de Bulgaria, Yugoslavia y Hungría y más de un tercio de las de Grecia, Turquía y Rumania, afluyeron a la renovada Alemania.

De esta forma, el nivel de vida en Alemania volvió a alcanzar los niveles de 1928, que había sido uno de los años más prósperos, lo que permitió al gobierno aumentar significativamente el gasto destinado al rearme del ejército alemán. Así, este rearme pudo combinarse con un alto nivel de vida y de seguridad en el empleo para el pueblo alemán; sin duda, el nivel de vida podía haber sido más elevado si el Estado hubiera utilizado una proporción más reducida del presupuesto para el armamento, pero de cualquier forma, el pueblo alemán estaba razonablemente satisfecho.

¡Vendo y arreglo aparatos eléctricos a cambio de comida!


En 1938, sin embargo, la situación económica se tornó crítica nuevamente. La depresión mundial de 1937 comenzaba a llegar a Alemania, a pesar de que los controles sobre precios y salarios consiguieron reprimirla en parte. Sin embargo, la escasez de mano de obra, tanto en el campo como en la industria, la volvieron sumamente peligrosa. De esta forma, la balanza de pagos en Alemania fue deficitaria en 1938.

A Hitler no le quedaban más que tres opciones. La primera consistía en disminuir el ritmo del rearme, pero para Hitler esto era algo inaceptable. La segunda era limitar el consumo privado introduciendo una verdadera economía de guerra, con severo racionamiento e incluso un nivel impositivo más elevado. Sin embargo, los nazis sabían que la popularidad del régimen dependía del mantenimiento de un alto nivel de vida. La tercera opción, era la guerra. Un rápido triunfo militar podía asegurar el dominio alemán sobre Europa antes que el proceso económico hiciera imposible financiar su máquina de guerra. Además, las conquistas podrían significar un aumento en las materias primas, alimentos y mano de obra sin necesidad de conseguirlos mediante divisas, y podría proporcionar una justificación para introducir una economía de guerra si esto fuera necesario.

Hitler decidió entonces comenzar la guerra.

Y ya para terminar, aunque la crisis alemana fue terrible y la hiperinflación llegó a niveles de miedo, ésta no ha sido la peor crisis sufrida por un país. Aquí te dejo una interesante tabla elaborada por Iván Carrino, para que comprendas lo que digo.







martes, 17 de julio de 2018

Y HABLANDO DE NUEVO DE LA ESTUPIDEZ HUMANA...

El domingo 22 de junio de 1941, a las 3:15 de la madrugada, cerca de tres millones y medio de soldados alemanes más casi un millón de soldados húngaros, croatas, rumanos, fineses, italinos y eslovacos, cruzaban la frontera entre el Tercer Reich y la Unión Soviética violando el Pacto de No Agresión que ambos países tenían firmado. Comenzaba así la llamada Operación Barbarroja, la mayor ofensiva terrestre de la historia.

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Europa antes de comenzar la Operación Barbarroja

Los soviéticos se vieron sorprendidos y fueron arrollados de una forma increíble. Aunque Stalin estaba consciente de que tarde o temprano Hitler lo iba a atacar, no creyó que fuera tan pronto, por lo que cuando le llegaron los primeros informes de la invasión no les dio mucho crédito.

Este acontecimiento ha sido narrado de forma muy amplia en infinidad de libros y artículos, por lo que aquí quiero tan sólo asentar las pérdidas económicas y humanas que provocó. Como ya es sabido, en esta guerra se dio la batalla más mortífera (Stalingrado), la batalla en que más soldados participaron (Kursk) y el sitio más sangriento (Leningrado) de la historia. Los alemanes permanecieron en suelo soviético hasta agosto de 1944, más o menos, cuando fueron expulsados y les tocó sufrir a su vez una invasión de los soviéticos.

Terminada la guerra, llegó el momento de evaluar los daños. La URSS fue sin duda el país más afectado. He aquí unas estadísticas:

En el territorio ocupado por los alemanes vivía el 40% de la población soviética, sobre todo ucranianos, bielorrusos, rusos, moldavos, lituanos, letones y estonios.

En dicho territorio se destruyó de forma parcial o total 1.710 ciudades y 70.000 aldeas, dejando sin hogar a 25 millones de personas al demolerse casi 6 millones de viviendas.

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Stalingrado

Además se perdieron 13.000 puentes (la mitad de los existentes en esos momentos en todo el territorio soviético), 2.078.000 kilómetros de líneas telefónicas y telegráficas, 216.000 comercios, tiendas, restaurantes y negocios generales, así como 31.850 fábricas y plantas generadoras de energía.

A eso hay que añadirle 90.000 máquinas cortadoras de metal, 65.000 km de vías férreas de las 122 mil que había, 4.100 estaciones ferroviarias, 36.000 oficinas de correos, telégrafos y comunicaciones, 16.000 locomotoras y 468.000 vagones (muchos de éstos fueron enviados a Alemania), 175.000 máquinas para trabajar metales, 34.000 martillos de forja y prensas troqueladoras, 2.700 perforadoras de carbón, 15.000 taladros neumáticos, 62 altos hornos, 213 hornos de reverbero, 45,000 telares, 3.000.000 de husos textiles.

Y si nos vamos al sector agrícola y ganadero, los daños también fueron devastadores: 98.000 koljoses o granjas agrícolas cooperativas, 1.876 “sovjoses” o granjas agrícolas del estado, 2.890 estaciones de máquinas y tractores, 285.000 establos y cobertizo para ganados de los koljoses, 505.000 hectáreas de huertas, 153.000 hectáreas de viñedos 7 millones de caballos de 11,6 millones existentes, 17 millones de bovinos de 31 millones existentes, 20 millones de cerdos de 26 millones existentes y 27 millones de ovejas, además de 137.000 tractores, 49.000 cosechadoras, 46.000 sembradoras a tractor y 35.000 trilladoras.
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Los alemanes destruyeron o dañaron seriamente 82.000 escuelas primarias y secundarias, 1.520 escuelas secundarias especializadas, 427 museos (entre ellos el famoso Hermitage que fue bombardeado sin piedad), 167 teatros, 43.000 bibliotecas populares, 334 institutos de educación superior, 605 institutos de educación científica, 33.000 policlínicos, dispensarios y clínicas ambulatorias, 6,000 hospitales, 976 sanatorios y 656 casas de descanso.

En conjunto, los daños materiales sufridos por la Unión Soviética durante la Segunda Guerra Mundial se calculan en 1.890.000 millones de rublos calculado a precios anteriores a la guerra o 357.000 millones de dólares estadounidenses.

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Claro que todo eso palidece frente a los 16 millones de soldados muertos (13 millones rusos y 3 millones alemanes) y los 14 millones de civiles rusos asesinados (entre ellos casi 3 millones de judíos). Para colmo, se estima en casi 10 millones el número de civiles rusos de cuya suerte jamás se supo, lo que eleva las pérdidas humanas en Rusia a casi 37 millones de rusos y 3 millones de alemanes.

Pero para ser justos (si es que en algo como esto se puede hablar de justicia), hay que decir que no todos los rusos muertos fueron a manos de los alemanes, pues también muchos fueron asesinados por órdenes directas de Stalin, en especial ucranianos y bálticos, y otros más murieron de frío o de hambre.

En otra ocasión hablaremos de las pérdidas sufridas por China durante la invasión japonesa en esta misma guerra mundial.

Y todavía decimos que somos seres civilizados...

miércoles, 20 de julio de 2016

CUANDO FRANCIA INVADIÓ ALEMANIA. UN CASO MUY POCO CONOCIDO DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL

Para todos aquellos que disfrutan leyendo historias sobre la Segunda Guerra Mundial, quiero presentarles ahora un caso muy poco conocido que se dio al comienzo de la misma, lo que demuestra, una vez más, que en materia de historia no siempre todo está escrito y los diferentes temas nunca se agotarán, pues siempre aparecen nuevos datos, en ocasiones relevantes (éste no es el caso) que cambian por completo nuestra percepción del tema.

Pero primero es necesario ponernos en contexto.

Tras anexionar Austria a Alemania e invadir Checoslovaquia con la autorización tácita de Inglaterra y Francia, Hitler le echó el ojo a Polonia. El pretexto para una eventual invasión no era difícil de encontrar. Una vez más el Tratado de Paz de Versalles, firmado entre Alemania y los ganadores de la Primera Guerra Mundial, se los brindó sin problemas.

Pérdidas territoriales de Alemania al acabar la Primera Guerra Mundial.
Junto a Danzig se encontraba Prusia Oriental, separada de Alemania por territorio polaco.


Este famoso tratado fue redactado con las patas por hombres deseosos tan sólo de sacar a Alemania del juego político en Europa en beneficio de sus propios países y en realidad provocó muchos más problemas de los que se supone que debía solucionar. Entre otras cosas, al desmembrar el territorio alemán y dividirlo en dos partes, dejó a una renacida Polonia en medio de éstas. Para colmo, insertó la ciudad de Danzig, con la categoría de ciudad libre bajo administración de la Sociedad de Naciones, en medio del pequeño acceso al mar que tenían los polacos. La bronca aquí es que Danzig era una ciudad habitada casi en su totalidad por alemanes.

Así que Hitler no lo pensó mucho, y en cuanto acabó con Checoslovaquia, comenzó a exigirle a Polonia que le permitiera construir una autopista que uniera a Danzig con el resto de Alemania, autopista que, desde luego, estaría bajo control alemán. Los polacos no se chupaban el dedo y estaban conscientes de lo que ello implicaría para la frágil independencia de su país. Así que ni tardos ni perezosos renegociaron sus acuerdos con Francia e Inglaterra para convertirlos en tratados de defensa mutua, en la que ambos firmantes se comprometían a acudir en ayuda del otro en caso de agresión de un tercer país (el "otro" se refiere, obviamente, a Polonia). En el caso de Francia, se contaba ya con un tratado así desde 1921, mismo que tan sólo se confirmó en 1939.

De seguro Hitler se murió de la risa al enterarse de esto, pues sabía que Checoslovaquia contaba con acuerdos similares con los mismos países y éstos no habían dudado en sacrificarla en aras de "la paz mundial". Sin embargo, decidió curarse en salud y, para sorpresa de todos, inició las negociaciones para firmar un pacto con la Unión Soviética, su principal enemigo ideológico, con el fin de evitar pelear en dos frentes en caso de que la agresión a Polonia desencadenara por fin la guerra. Quería evitar lo ocurrido en la Gran Guerra de 1914.

Hecho esto, Hitler elevó el nivel de sus exigencias a Polonia y los soldados alemanes comenzaron a provocar conflictos fronterizos. Confiado en sus recientes alianzas europeas, el gobierno polaco se mostró firme ante las amenazas del Tercer Reich. Por fin, tras fingir un supuesto ataque polaco a un pequeño pueblo fronterizo alemán, las tropas germanas invadieron Polonia el 1 de septiembre de 1939. De inmediato, Francia e Inglaterra trataron de negociar con Alemania su retirada para evitar una guerra general, pero como Hitler siguió adelante, al final ambos países le declararon la guerra el 3 de septiembre. La Unión Soviética se unió a Alemania en la invasión y, después de un mes de resistencia, los dos países se repartieron el territorio del vencido.

División de Polonia entre Alemania y la Unión Soviética.

Y ahora por fin viene lo bueno. La inmensa mayoría de los libros de historia, incluidos los especializados en el tema, nos enseñan que Francia e Inglaterra, a pesar de declarar la guerra, no movieron sus ejércitos, permitiendo que Hitler derrotara a Polonia para después ocupar Dinamarca y Noruega y finalmente atacar a Francia, llevándose entre las patas a Bélgica y Holanda. Este último ataque se realizó en mayo de 1940, es decir, 8 meses después de que comenzara la guerra.

Incluso hay muchos historiadores y escritores de todo tipo, aficionados y profesionales, que se preguntan ¿qué hubiera pasado si Francia ataca a Alemania por el oeste mientras la inmensa mayoría de las tropas nazis se encuentran en Polonia? De hecho, ese era el temor de los generales alemanes y del mismo Hitler. Y es que si Francia hubiera hecho ésto, dicen, Alemania hubiera sido derrotada y se hubiera evitado la Segunda Guerra Mundial. A éste período de inactividad militar en el frente del oeste se le llamó "drôle de guerre" o guerra de broma.

Algunos dicen que Francia no estaba preparada para la guerra, que tenía que movilizar sus tropas y eso llevaría tiempo, que prefería una guerra defensiva confiada en la solidez de la famosa Línea Maginot (serie de fortificaciones a lo largo de la frontera de Francia y Alemania) y otras muchas cosas más.

Bueno, la realidad era que Francia sí estaba preparada para la guerra, que movilizar su ejército no le hubiera llevado más de un par de semanas y que, bajo las órdenes de un grupo de generales viejos y obtusos, sí confiaban plenamente en sus defensas fronterizas. Éstos generales (Giraud, Gamelin, Petain y otros héroes de guerra más) creían que ésta guerra iba a ser igual a la anterior, con trincheras y esas cosas, y que Alemania respetaría la neutralidad de Bélgica y Holanda, cosa que no sucedió.

Sin embargo, ante los desesperados gritos de ayuda de Polonia, los franceses sí decidieron atacar. Pensando en la posibilidad de abrirle a Alemania un segundo frente y así darle a Polonia un respiro, el Alto Mando Francés organizó la llamada "Ofensiva del Sarre". El plan consistía en enviar una pequeña fuerza a ocupar dicho territorio fronterizo alemán, a la que seguiría un gran ejército formado por 40 divisiones, 4,700 cañones y 2,400 vehículos blindados (dentro de esta categoría se incluyen, además de los tanques, todos aquellos vehículos que tengan un cierto blindaje, aunque sólo sean para transporte de tropas). ¡Ni un mísero avión estaba incluido!

La ofensiva del Sarre
Penetración francesa en territorio alemán en septiembre de 1939

Sus servicios secretos (que por cierto nunca fueron muy eficaces), les habían informado que Alemania tan sólo contaba en la zona con 22 divisiones de reservistas y menos de 100 piezas de artillería, así que el éxito parecía asegurado.

Pero los generales franceses actuaron con la misma ineptitud que en mayo de 1940 permitió que los alemanes los derrotaran con suma facilidad. Lanzaron su primer ataque con una pequeña fuerza de avanzada el 7 de septiembre de 1939. Con gran rapidez penetraron por territorio alemán, avanzando el primer día hasta 8 kilómetros en suelo enemigo. Lo que no sabían era que el Alto Mando Alemán había dado la orden a sus tropas de retirarse hasta la cercana Línea Sigfrido, un conjunto de fortificaciones parecida a la Línea Maginot francesa. Eso sí, antes de irse, los alemanes dejaron los caminos llenos de minas explosivas, algo para lo que los franceses no estaban preparados.

Soldados franceses en el pueblo alemán de Lauterbach
Soldados franceses en un pueblo alemán

En realidad, no estaban preparados para nada. Sus cañones eran inferiores a los que los alemanes tenían instalados en la Línea Sigfrido, por lo que fueron abatidos casi de inmediato. Los invasores consiguieron ocupar hasta veinte pequeñas aldeas de escaso valor estratégico y abrir un frente de 32 kilómetros de largo, logros que en realidad eran insignificantes. Cuando llegaron frente a la primera ciudad importante, Saarbrücken, se tuvieron que detener sin poder tomarla.

El 12 de septiembre, los jefes franceses ordenaron detener el ataque y posponer su continuación hasta el día 20, decisión que a los polacos les sentó fatal, con toda razón. Para colmo, las 40 divisiones prometidas nunca fueron enviadas al frente.

El 17 de septiembre la Unión Soviética invadió Polonia, lo que los franceses interpretaron como el golpe decisivo contra sus aliados del este y decidieron retirar la mayoría de sus tropas, dejando tan sólo pequeñas guarniciones en las aldeas ocupadas.

Los alemanes se limitaron a esperar. Vencida Polonia, trasladaron sus ejércitos al oeste y lanzaron una rápida contraofensiva para recuperar el pequeño territorio perdido. Ésta inició el 16 de octubre y terminó el 24 siguiente, con las tropas alemanas ya en territorio francés.

Soldado francés en la aldea alemana de Lauterbach
Soldado francés intentando leer un cartel en alemán

Hitler decidió suspender el ataque para primero consolidar su reciente conquista, reponer las pérdidas de soldados y armamento causados por la feroz aunque ineficaz resistencia polaca, y proteger su abierta frontera del norte, lo que logró con la rápida ocupación de Dinamarca y Noruega, efectuadas en abril de 1940.

Por cierto, ¿sabían que Dinamarca resistió tan sólo dos horas? Pues así es. La invasión alemana comenzó a las 4 de la mañana del 9 de abril y el rey Cristián X ordenó la rendición a las 6. No sabemos si ésto se debió a que Dinamarca tan sólo contaba con 14 mil soldados, la mayoría reclutas, y no tenía tanques, o si lo que ocurrió fue que los agarraron dormidos y cuando se despertaron ya no supieron que hacer. Esto sonará a chiste, pero si tomamos en cuenta que tan sólo hubo pequeños tiroteos en Copenhague, en particular frente al Palacio Real, es lógico pensar que muchos daneses, cuando se despertaron por ahí de las siete de la mañana, se enteraron que habían sido invadidos, derrotados y ocupados mientras ellos dormían plácidamente. Si a mí me invaden a las cuatro de la mañana, yo también los dejo hacer lo que quieran hasta las 7:30 u 8. A mí que me dejen dormir.

Pero retomando el tema original, presentemos las conclusiones. La "ofensiva" francesa fue algo vergonzoso para el país que presumía de tener el mejor ejército del mundo, no sirvió para nada y tan sólo fue un preludio de la derrota que les aguardaba ocho meses después, cuando las tropas alemanas desfilaron bajo el Arco del Triunfo (sin albur) de París. El tan esperado por los polacos segundo frente no se logró abrir y eso significó la condena de Polonia, que sufriría por cinco años toda la barbarie nazi.

Tropas alemanas en París.

Pues ahora ya lo saben. Francia si cumplió con su palabra e invadió Alemania en septiembre de 1939, aunque creo que los polacos tuvieron en realidad muy poco que agradecerles por ello.


sábado, 2 de mayo de 2015

EL MEJOR EJEMPLO DE LA ESTUPIDEZ HUMANA: LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL

Hace 70 años estaba terminando la guerra en Europa, después de casi 6 años de destrucción, locura y odio, generados en su mayor parte por el hombre que dirigía los destinos de Alemania, aunque tampoco se salvan de culpa los demás países implicados y sus dirigentes.

El mayor responsable de la tragedia


Un día como hoy, 2 de mayo de 1945, las pocas tropas alemanas que aun resistían en Berlín el embate de los ejércitos soviéticos, finalmente se rindieron, entregando una ciudad en ruinas y con una población diezmada y hambrienta. Hitler se había suicidado dos días antes, el 30 de abril, junto con su esposa Eva Braun y el Ministro de Propaganda Joseph Goebbels con toda su familia. A partir de ese momento comenzarían los peores días para los berlineses, pues los soldados soviéticos, acuciados por su máximo líder, Josef Stalin, se lanzaron a una entendible aunque injustificable venganza. Las tropas alemanas habían cometido todo tipo de atrocidades en suelo soviético con la población civil, así que ahora les tocaba el turno a ellos de sufrir el mismo destino. La venganza fue atroz. Miles de muertos, decenas de miles de mujeres y niñas violadas y una ola de terror que tuvo en zozobra a los habitantes de la capital alemana durante semanas. Hasta la fecha, el gobierno ruso sigue negando que eso haya ocurrido, a pesar de los cientos de testimonios que en su momento se presentaron. Desde luego, eso no exculpa a los alemanes por lo que hicieron en la Unión Soviética.

Ruinas de Dresde


El mismo día, 2 de mayo, se rindieron las tropas alemanas que combatían en Italia y dos días después hicieron lo propio las que se encontraban en el norte de Alemania, Dinamarca, Noruega y Holanda. Todavía quedaron algunos rezagados que siguieron peleando hasta el día 12, a pesar de que el Alto Mando Alemán había firmado la rendición incondicional el 7 de mayo.

Aún quedaban los japoneses, por lo que los Estados Unidos e Inglaterra se dispusieron a continuar la guerra en Asia. Esta terminaría formalmente el 14 de agosto de 1945, cuando Japón se rindió sin condiciones después de que los Estados Unidos arrojaran las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki. Todavía, sin embargo, seguirían peleando en China, rindiéndose finalmente el 9 de septiembre de 1945. La guerra había durado 6 años con 9 días.

Las víctimas de siempre

Las consecuencias fueron terribles. He aquí algunos datos:

1) Aunque no es una cifra exacta, se calcula que murieron más de 61 millones de personas, de las cuales 42 millones y medio fueron civiles. Y eso sin contar a los que murieron por consecuencias indirectas de la guerra como hambrunas y enfermedades, porque entonces la cuenta sube a 100 millones. Esto significa entre el 2% y el 3% de la población mundial en ese entonces. Esas son las cifras más aceptadas.

2) El país que más muertos tuvo fue la Unión Soviética, con 8,700,000 soldados y 18,300,000 civiles muertos. En total, 27 millones de personas. Es decir que casi la mitad de los muertos los pusieron ellos.

3) Se calcula que murieron más de 6 millones de judíos en manos de los nazis. A esto se le llama el Holocausto. Sin embargo, en cierto modo los demás países tuvieron también algo de responsabilidad al negarse a recibir a los judíos que pretendían huir de Alemania antes de la guerra.

4) Fue la primera guerra en la que se utilizó el bombardeo masivo de ciudades como forma de derrotar al enemigo. París fue la única gran capital europea que casi no sufrió ninguno de estos bombardeos, gracias a que fue declarada ciudad abierta.

Alemania en ruinas

5) Varsovia fue la capital europea que sufrió más daños, pues fue destruida en un 90%. Otras ciudades con graves daños fueron Londres, Coventry, Caen, Rotterdam, Berlin, Dresde, Nuremberg, Leningrado (hoy San Petersburgo) y Stalingrado (hoy Volgogrado).

6) La Unión Soviética se anexionó Lituania, Letonia y Estonia, así como partes de Polonia, Finlandia y Rumania. A cambio, Polonia recibió Pomerania, Silesia y la mitad de Prusia Oriental, territorios que le tuvo que ceder Alemania.

Europa antes de la Segunda Guerra Mundial


Europa después de la Segunda Guerra Mundial

7) Al final de la guerra, Alemania y Austria quedaron divididas en cuatro zonas de influencia bajo el dominio de las cuatro potencias vencedoras: Estados Unidos, Reino Unido, Francia y la Unión Soviética. Durante cuatro años, dejaron de existir como naciones independientes.

8) El 1 de agosto de 1944 los habitantes de Varsovia, la capital polaca, se sublevaron contra los alemanes al saber que los soviéticos estaban frente a la ciudad. Sin embargo, en lugar de ayudarlos, éstos dejaron que los alemanes los masacraran. Murieron 200,000 polacos. De esta forma, la Unión Soviética buscaba dejar a los polacos demasiado debilitados para así poder imponer su dominio sobre el país.

9) Al terminar la guerra, los cambios en la frontera provocaron el éxodo de millones de personas. Muchas de ellas, principalmente alemanas, tuvieron que abandonar las tierras que habían habitado durante decenas de generaciones.

El éxodo de personas fue una constante durante la guerra.

10) Los daños materiales fueron incalculables. Además de las ciudades destruidas, se tienen que contabilizar las plantas industriales, los medios de transporte y las tierras agrícolas afectadas.

11) Europa perdió definitivamente su papel protagónico frente a las dos nuevas potencias mundiales: Estados Unidos y la Unión Soviética.

12) Aprovechando la debilidad de sus antiguas metrópolis, los pueblos de África, Asia y Oceanía iniciaron la lucha por su independencia de Europa.

13) Las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki han sido las únicas que han recibido un bombardeo nuclear en toda la historia.

Ruinas de Hiroshima


14) Participaron más de setenta países, incluyendo a México, en los combates terrestres, aéreos y navales. Hay que tener en cuenta que actualmente el número de países independientes es más del doble tras los procesos de descolonización, por lo que se puede afirmar que en la guerra participaron casi el 70% de los países existentes en ese momento.

15) América fue el único continente donde no hubo combates.


La Segunda Guerra Mundial fue sin duda la más destructiva de todas las guerras. Independientemente de las vidas perdidas, la destrucción material fue incalculable. Se perdieron para siempre obras de arte, edificios antiguos y documentos invaluables en África, Asia, Europa y Oceanía, no sólo por los bombardeos, sino también por la rapiña, los incendios y la destrucción premeditada. El mundo, y en especial Europa, no volvió a ser el mismo. Los sobrevivientes pasaron varios años de penurias en una Europa destrozada y con la amenaza de una nueva guerra.

Acabada la guerra, los vencedores crearon la Organización de las Naciones Unidas, una de cuyas principales tareas es evitar nuevos conflictos. Creo que es obvio que dicho organismo internacional ha fracasado completamente en ese aspecto, pues el ser humano, lejos de aprender la lección que le dejó la Segunda Guerra Mundial, ha continuado peleando, normalmente por tonterías.

¿Hasta cuándo dejaremos de ser tan imbéciles?