lunes, 11 de mayo de 2015

VIENA, LA ANTIGUA CAPITAL DE LOS HABSBURGO... Y DE LOS CAFECITOS (2a DE CUATRO PARTES)

Tras descansar cómodamente en el hotel, nos dispusimos a salir para iniciar una nueva aventura en la ciudad imperial. Viena es una ciudad que impresiona. Cabeza de un gran imperio multicultural durante casi 800 años, posee edificios magníficos, grandes palacios, iglesias impresionantes y museos incomparables. Es una ciudad maravillosa. Y nevada se ve mucho mejor.

Paseando por Viena
Descubrimos un agradable café a tan solo una cuadra del hotel y decidimos utilizarlo como lugar oficial para desayunar. Se llamaba Andys & Mikes, un nombre con una fuerte connotación germánica, como pueden ver. Pero se desayunaba muy sabroso y muy barato. Eso es, a fin de cuentas, lo importante.

Una vez satisfecha el hambre mañanera, decidimos comenzar el día acudiendo a un museo poco conocido pero muy interesante, el Museo Austriaco del Folclore, situado en Laudongasse número 15. Para llegar, tomamos el tranvía número 33. Este simpático museo, poco frecuentado por el turismo (de hecho, casi todo el tiempo estuvimos solos), se compone de quince salas que muestran diversos objetos etnográficos austriacos, tales como campanas para el ganado, impermeables hechos con paja, zuecos de madera,
Zapatos confeccionados con fibras vegetales
útiles de labranza antiguos, hermosos muebles hechos de madera finamente tallada y decorada, máscaras de carnaval, pero también bellos cuadros, libros antiguos, grabados, relojes, maquetas de casas típicas de los Alpes y un sinnúmero más de objetos. Además, como oferta, como promoción, se va a llevar un práctico calendario de escritorio
¿Dónde estoy?
del año 2015. En cada sala tiene que buscar un bote con piezas de cartón con el mes respectivo. Un mes por sala, hasta juntar el año completo. Para la dama, para el caballero, un euro le vale, un euro le cuesta. No, ya en serio, era gratuito y por supuesto que yo junté el mío.

Cuando creímos que ya habíamos terminado descubrimos otras salas, lo que nos provocó un serio problema, pues Judith quería quedarse para terminar de verlo y yo quería ir al palacio de Schönbrunn, antigua sede estival de los emperadores austriacos. Después de una corta pelea y un rato atufados, nos dirigimos al palacio.


Este enorme edificio fue nombrado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco en 1996. Construido en 1696, fue ampliado durante el reinado de María Teresa de Austria a mediados del siglo XVIII. Tiene una enorme fachada de estilo clasicista en color amarillo. Algunos le llaman el Versalles austriaco. Pero aunque Schönbrunn es impresionante, Versalles es Versalles.

Compramos boletos para entrar al palacio y al museo de carruajes. Primero nos dirigimos a este último. Madre mía, ¡qué piezas! Impresionante. Este recinto alberga casi cincuenta carruajes, desde los que se usaban para el diario hasta los que se usaban para ceremonias oficiales, pasando por la carroza que llevaba los restos mortuorios de la familia imperial (en la que se trasladó el cadáver de Maximiliano de México a su destino final en la cripta de los Capuchinos) y algunos trineos tanto de gala como infantiles. Todos espectaculares. También había una colección de uniformes del personal que manejaba los carruajes, así como de trajes usados por la corte vienesa.
Carruaje para niños
Por último, en una pequeña habitación del segundo piso, se mostraban una serie de litografías con los caballos utilizados por la emperatriz Elizabeth, conocida como Sissi, esposa de Francisco José I.

Ya un poco más tranquilos y con el enojo retrocediendo, nos dimos una vuelta rápida por uno de los jardines laterales antes de entrar al palacio. El frío estaba canijo. El recorrido por el interior es un poco parecido a otros palacios que hemos visitado, tanto en Francia como en Rusia, pero no deja de ser impactante. Todas las habitaciones están decoradas con un gran lujo y se conservan muchos muebles originales. Al principio estuvo un poco complicada la visita porque nos tocó un enorme grupo de turistas (¡ah, estos turistas!) que iban con un guía y se detenían en todas las habitaciones para escuchar la explicación correspondiente, lo que nos impedía ver bien o
El gran salón de baile
simplemente continuar avanzando. Pero por fin los dejamos atrás, por lo que pudimos apreciar bien los objetos exhibidos e inclusive tomar fotografías con toda calma. Tan sólo en el gran salón de recepciones nos dijeron que no se podían tomar fotos, pero nada que no resuelva el viejo truco de ponerse delante del que tiene la cámara para taparle la vista al guardia.

El palacio es enorme y nos llevó más de tres horas recorrer la parte abierta al público. Y definitivamente valió la pena. Entre las habitaciones que vimos, la que más me llamó la atención fue una, no muy grande por cierto, que está cubierta de piso a techo por retratos y dibujos realizados por la emperatriz María Teresa, su esposo el emperador Carlos y todos sus hijos e hijas, incluyendo algunos realizados por María Antonieta, quien sería después reina de Francia y moriría en la guillotina durante la Revolución Francesa.

Al fondo, la Glorieta
Al salir del palacio, teníamos ganas de visitar los jardines, pero por desgracia el tiempo no nos ayudó. Éstos son enormes, aunque no tanto como los de Versalles. Al fondo de ellos se encuentra un hermoso pabellón conocido como la Glorieta, mismo que tuvimos que contentarnos con verlo desde la puerta del palacio, pues en invierno no está abierto al público. También nos enteramos que en los jardines se encuentran unas ruinas del antiguo campamento romano que dio origen a la ciudad de Viena, pero tampoco pudimos visitarlas.

Antes de emprender el viaje, en Nueva York, habíamos comprado boletos para un concierto de música clásica en la Orangerie de Schönbrunn. La Orangerie es una especie de invernadero donde los jardineros del palacio cultivaban los naranjos que después sembrarían por los jardines y donde los guardaban cuando llegaba el invierno, para evitar que murieran por el frío y la nieve. El concierto era ese mismo día, pero como aun faltaban varias horas, decidimos salir a buscar algún lugar donde comer. Caminamos casi media hora hasta que encontramos un sitio que se veía agradable. La comida no era muy gourmet pero estaba bastante buena. Por desgracia no recuerdo el nombre de este lugar. La próxima vez prometo llevar una libreta donde apuntar todo este tipo de detalles.

Regresamos aun con tiempo al palacio y nos entretuvimos paseando por uno de los típicos mercados
navideños centroeuropeos instalado frente al acceso principal al palacio. Estos mercados son muy comunes en Alemania, Austria, Suiza y la República Checa, y en ellos se pueden encontrar, además de artesanías (navideñas o no), comida típica, bebidas calientes y un sinfín de objetos más. Son realmente muy curiosos y el tiempo pasa volando mientras uno pasea por ellos.

Por fin nos dio la hora y nos dirigimos al concierto. La Orangerie es una habitación muy alargada y ancha con techos muy altos. Había sillas como para 400 personas. Nuestros lugares estaban en la parte de atrás aunque no hasta el fondo. Como no se llenaron todas, en cuanto apagaron las luces nos fuimos moviendo poco a poco hasta quedar casi a la mitad. La música estuvo a cargo de la Orquesta del Palacio de Schönbrunn y escuchamos diversas piezas, tanto de Mozart como de Johann Strauss y demás miembros de su familia (pues muchos fueron compositores). Estuvo muy bonito. Salimos como a las diez de la noche y nos dirigimos a un café en el centro de la ciudad para tomar algo antes de irnos a dormir. ¡Estábamos en la capital de los cafecitos, la cuna del café vienés! ¿Cómo no podíamos ir a uno? Aun nos quedaba día y medio en Viena, antes de partir hacia Budapest.

(Continuará)

Sala en el Museo Austriaco del Folclore


Salón con dibujos hechos por la familia imperial en Schönbrunn


Una de las estancias del palacio


Carroza fúnebre


Carroza de gala


En los jardines de Schönbrunn


Vista lateral del palacio


La estación del metro cerca del hotel




viernes, 8 de mayo de 2015

UN QUETZALCOATL MUY NAVIDEÑO

Todos los mexicanos (y muchos extranjeros) conocemos a Quetzalcoatl. ¿Quién no ha oído hablar de la Serpiente Emplumada? Y es que su nombre aparece en varias etapas de nuestra historia. De acuerdo con las leyendas prehispánicas, él inventó el pulque (¡Gracias, Quetzalcoatl!), fundó la ciudad de Tula y luego desapareció en el mar; cuando Cortés llegó, Moctezuma lo confundió con Quetzalcoatl; el expresidente de México, José López Portillo, se llegó a sentir una reencarnación de Quetzalcoatl, e incluso hizo labrar una enorme Serpiente Emplumada en la barda de piedra de su casa del Pedregal, un exclusivo barrio de la ciudad de México. Total, que siempre ha estado presente.

Y por si no lo sabías, a su faceta alcohólica, conquistadora y política, hubo una época en que Quetzalcoatl unió la navideña. ¿Se lo imaginan vestido de Santa Claus? Si ya de por si la imagen de una serpiente con plumas es bastante curiosa, ahora agrégenle barba blanca, gorro rojo, panzota y un trineo y nos queda una imagen muy perturbadora.

Rubio Pascual, portrait.jpg
Pascual Ortíz Rubio

Pues aunque no lo creas, todo fue cierto. Resulta que en el año de 1930 fue electo el primer candidato presidencial propuesto por el entonces recién nacido PRI, que en esa época tenía otro nombre, se llamaba Partido Nacional Revolucionario o PNR. Otro nombre pero las mismas mañas, pues dicen que el recién creado departamento de mapachería electoral del partido se encargó de que el candidato de la oposición, José Vasconcelos, tan solo obtuviera unos pocos votos mientras que la inmensa mayoría de los mexicanos preferían, como no, al candidato del partido. De todas formas Vasconcelos no hubiera ganado, pero había que demostrar que las masas revolucionarias estaban con el nuevo partido. Y así fue como llegó a la presidencia el ingeniero don Pascual Ortíz Rubio, a quien el ingenio popular al poco tiempo bautizó como "el nopalito", pero no por sus muchas propiedades (al parecer este no era tan corrupto como otros), sino por baboso.

Fue el segundo de los presidentes conocidos como "los peleles", pues en realidad quien mandaba era el llamado Jefe Máximo de la Revolución, Plutarco Elías Calles. A ese periodo se le conoce como el Maximato. Era tal la intervención de Calles en los asuntos del gobierno, que incluso alguien llegó a colocar un anuncio frente a la entrada del Castillo de Chapultepec, residencia en aquel entonces del presidente, que decía: "Aquí vive el presidente, pero el que manda vive enfrente", haciendo alusión al hecho que desde el castillo se veía la colonia Anzures, donde vivía Calles.

Plutarco Elías Calles

Según el historiador José Fuentes Mares, obviamente en tono de burla, don Pascual realizó tres grandes obras trascendentales para el devenir histórico de México durante su corto gobierno. Inauguró un pasaje subterráneo de peatones en el cruce de 16 de septiembre con San Juan de Letrán (ahora el Eje Central), inauguró la "isla de los monos" en el zoológico de Chapultepec, y ordenó sustituir a Santa Claus por Quetzalcoatl. Pero para ser justos, en su gobierno también se implementó la Ley Federal del Trabajo y la Doctrina Estrada en materia de derecho internacional, por la que México anunciaba su respeto a la soberanía de todos los países.

La historia en sí es esta. El 27 de noviembre de 1930, el periódico El Universal (sí, ya existía, al igual que el Excélsior) daba la siguiente noticia: "Quetzalcoatl será el símbolo de la navidad en nuestro país". Después venían unas palabras del entonces subsecretario de Educación, Carlos Trejo y Lerdo de Tejada: "Ayer tuve el honor de comer con el señor Presidente de la República y durante la comida acordamos la conveniencia de substituir el símbolo de Santa Claus por el de Quetzalcóatl, divinidad que sí es mexicana". Cuando los periodistas le preguntaron la razón de esto, se limitó a responder: "engendrar en el corazón del niño amor por nuestra cultura y nuestra raza". No, pues sí.

El Excélsior, por su parte, publicaba lo siguiente: "Quetzalcóatl substituirá en México a Santa Claus". Y continuaba: "La dulce leyenda cristiana de la Navidad, la de los dorados sueños infantiles, dilatados por los siglos, va a tener en México un símbolo nacionalista: Santa Claus, el viejo de lengua barba, que para la Nochebuena viene desde lugares remotos a vaciar sus alforjas repletas de juguetes, sobre los lechos de los niños buenos, será sustituido por Quetzalcóatl, por ejemplo, o por cualquier otra de nuestras bondadosas deidades mexicanas".

Desde luego, la Iglesia puso el grito en el cielo. Recién había terminado la Guerra Cristera y el gobierno ya andaba provocando a los buenos católicos mexicanos incluyendo a un dios pagano en una de las principales festividades católicas. Los pobres obispos se rasgaban sus vestiduras de seda ante tamaño despropósito del gobierno. Pero a éste no le importó y siguió adelante con el plan.


La burla, sin embargo, continuó. Un periódico publicó una caricatura de dos serpientes, en la que una le pregunta a la otra: "¿No te respondió la serpiente esa?" "No, mi hermano, ora se ha puesto re orgullosa con eso de que en la Navidad le van a dar la chamba del Santa Claus mexicano". También se publicó un cuento titulado "El cuartelazo de Quetzalcoatl" en el cual se presenta al dios indígena conspirando junto al subsecretario Trejo y otros personajes del gobierno, para fusilar al extranjero Santa Claus, quien ajeno a todo esto acomoda tranquilamente sus juguetes para los niños mexicanos.

Pero no todo eran críticas. Un segmento muy importante de los intelectuales de la época defendían la idea con contundentes argumentos. El mítico dios indígena reunía todas las virtudes. Era sabio, civilizador, artista, honesto, pacífico, divino, y hasta cristiano, pues se recordaba que en algún momento de la historia se había sospechado que Quetzalcoatl era el mismísimo Santo Tomás, que habría evangelizado a los indígenas americanos antes de la llegada de los españoles. ¡Háganme el favor!

Uno de los más fervientes defensores fue José Juan Tablada, quien desde Nueva York decía que Quetzalcoatl reunía lo mejor de la tradición indígena y de la cristiana. Por otro lado, las razones oficiales tenían algo de sentido común. ¿Cómo era posible que los niños mexicanos se identificaran con un anciano blanco, de claro tipo "sajón o ruso", vestido con un traje rojo de pieles y que viaja en un trineo sobre la nieve? No era lógico eso en un país “donde sólo existe la nieve en las neverías, donde los hombres visten telas delgadas” y donde, por supuesto, jamás se ven trineos. Por otro lado se esgrimía el contundente alegato de que Santa Claus había sido una importación del porfiriato en su afán de privilegiar lo extranjero sobre lo nacional, contrario a la campaña nacionalista que los gobiernos revolucionarios estaban implementando. Así que al cuerno con Santa Claus, ese invento de la Coca-Cola.

Pues sí, muy mexicano no parece

El gobierno anunció que el 23 de diciembre a las cuatro de la tarde, o sea a las cinco con eso de la puntualidad mexicana, se llevaría a cabo una ceremonia oficial en el Estadio Nacional (que ya no existe), en la cual Quetzalcoatl entregaría sus regalos y dulces, así como unos suéteres rojos, a 15 mil niños pobres de escuelas oficiales. Para ello se mandó construir en el interior del recinto una imitación de un supuesto templo donde el dios recibía el homenaje de los suyos.

Llegado el día, acudieron a la cita todos los ilustres invitados, es decir, el presidente y su esposa, todo el cuerpo diplomático, el gabinete federal, una delegación de la Cruz Roja y representantes de la Asociación de Protección a la Infancia. Después de que se entonara el himno nacional, un hombre vestido de Quetzalcoatl (pero sin cara de serpiente ni plumas para no asustar a los niños) que más bien parecía un Moctezuma modernizado, subió al templo, donde recibió el homenaje de un grupo de indígenas provenientes de diversos estados del país y traídos como acarreados para la ocasión. Imagino que al terminar a los pobres les dieron su Coca-Cola y su sandwich, todo muy nacionalista.

Fotografía aparecida en El Universal

Después subieron al templete los Reyes Magos, única concesión hecha por los organizadores a las tradiciones cristianas, donde rindieron homenaje al nuevo dispensador de regalos. Continuaron unos "juegos de cintas" realizados por los alumnos de la Casa del Estudiante Indígena. Hasta chinas poblanas hubo, vaya. Por último, Quetzalcoatl repartió los juguetes y dulces que traía en su ayate mágico, tras lo cual se dio por terminada la ceremonia. Los asistentes se retiraron a sus casas o a cualquier otro lugar a donde tuvieran que ir.

Como ocurre con infinidad de proyectos gubernamentales, al año siguiente ya nadie se acordaba del Santa Claus indígena. Nunca más volvió a repartir sus juguetes a los felices niños mexicanos, que ya no podrían preguntarse en la escuela: "¿ya tí que te trajo Quetzalcoatl?". Triste destino el nuestro.

Un anuncio publicitario de la época

Poco más de un año después, don Pascual Ortíz Rubio renunciaba a la presidencia de la República, cansado de que Calles lo ninguneara de forma tan descarada, partiendo hacia el exilio en los Estados Unidos.


jueves, 7 de mayo de 2015

VIENA, LA ANTIGUA CAPITAL DE LOS HABSBURGO... Y DE LOS CAFECITOS (1a DE CUATRO PARTES)

Pues sí, de los cafecitos. Si algo es famoso en Viena son los cafecitos callejeros. ¿O quien no ha probado o al menos escuchado de un café vienés? Claro que en la época del año que fuimos, el café se antojaba, pero no en la calle, sino cómodamente instalados en el interior del local. ¡Hacía mucho frío!

Llegamos a Viena, procedentes de Praga (ya después les contaré sobre ese viaje), un 26 de diciembre por la tarde. El tren estuvo muy bien. Salió a tiempo, iba casi vacío e incluso Judith se pudo dormir acostada en unos asientos vacíos. ¡Qué diferencia con el que nos llevó de Viena a Budapest! ¿Lo recuerdan? Además, el paisaje era encantador. Bosques nevados, pequeños pueblos, ruinas de castillos que se veían a lo lejos (pero muy a lo lejos), y por la otra ventanilla, suburbios muy feos de ciudades, bodegas abandonadas, casas en ruinas y todas grafiteadas. Vaya, un paisaje común y corriente, como el que se puede ver en cualquier parte del mundo.

Nos bajamos en la estación principal de trenes de Viena, y lo primero fue encontrar la forma de llegar al hotel, así que sin dudarlo me dirigí a la oficina de información, donde un simpático viejito austriaco me explicó como tomar el metro y donde bajarme. Y allí vamos. Nos subimos al metro y nos pusimos a contar las estaciones para no pasarnos de nuestro destino. Hay que decir que el metro funciona muy bien, sin retrasos, está limpio y las estaciones cuidadas. Casi, casi como el de Nueva York (léase con tono sarcástico). Por fin llegamos y salimos a la calle. Ahí tuvimos que localizar el hotel y comenzar a caminar, con un frío que pelaba y arrastrando las maletas en medio de la nieve. Lo bueno es que el hotel no estaba lejos.

Por las calles de Viena

De hecho, éste estaba muy bien situado. Se llama Arcotel y se encuentra a una cuadra de la estación Burggasse Stadthalle del metro (no pregunten que significa por que no lo sé, entre mis habilidades todavía no está la de hablar alemán), además de varias líneas de tranvías y camiones. Así que mejor no podíamos estar. Nos registramos, subimos al cuarto, dejamos las maletas y bajamos de nuevo a la recepción, donde como buenos turistas, pedimos de inmediato mapas de la ciudad y le dimos una peinada al mueble donde se encuentran los trípticos, brochures o como quieran llamarles, con toda la información de lo que un turista promedio puede hacer en la ciudad. Y como siempre sucede, tan solo dos o tres eran realmente de interés. Así que mejor preguntamos en recepción como llegar al centro y, tras varios intentos para hacernos entender, al final nos explicaron como llegar.

Iglesia de San Esteban

Uno tiene que salir a la calle, tomar el metro, hacer un transbordo y ¡voilá! está en el centro. Como ven, no es tan complicado. Saliendo de la estación nos topamos de frente con la hermosa catedral de San Esteban, a la que en ese momento no pudimos entrar porque estaban en misa, así que caminamos alrededor de ella, admirándola al tiempo que veíamos las calles laterales y las típicas calesas tiradas por caballos en las que por un precio nada módico los turistas fingen que están en otra época, anterior al uso de los automóviles. Cualquier ciudad que se respete, cuenta con ese tipo de transporte engañabobos. Por eso la ciudad de México no lo tiene. En su lugar, los chilangos contamos con el bicitaxi, que es lo mismo pero más barato. En uno de los laterales de la iglesia pudimos observar una serie de fotos que mostraban el estado en que quedó la misma al término de la Segunda Guerra Mundial. Totalmente destruida. Los techos hundidos, las paredes caídas, todo un desastre, vaya. Y sin embargo, ahora uno la podía ver completamente restaurada, con el aspecto que tenía en sus mejores épocas. Algo parecido habíamos visto en Praga.

Las famosas calesas a un costado de la iglesia de San Esteban

Lo que si pudimos hacer fue subir a una de las torres (pagando el precio respectivo, claro) para admirar la vista de la ciudad. ¡Madre mía! De verdad que estamos locos. Casi mil escalones (Judith los contó) en una estrecha escalera circular en la que, además, teníamos que pegarnos a la pared cuando alguien venía bajando. A la mitad ya no podíamos con nuestra alma. Ya no estamos en edad de hacer esas cosas, hombre. Pero a pesar de todo, llegamos y la vista valió la pena. Tras descansar un poco, nos dispusimos a bajar. Total, eso es más fácil. Como dice mi mamá, de bajada, hasta rodando.

Caminando, caminando se nos hizo de noche. Eran ya las cinco de la tarde (recuerden que estábamos en pleno invierno) y de repente nos encontramos con el convento de los Capuchinos. ¿Y?, dirán muchos de ustedes. Pues por si no lo saben, ahí están enterrados la mayoría de los miembros de la familia Habsburgo, que reinó en Austria de forma ininterrumpida desde 1273 con Rodolfo I hasta 1918 con Carlos I. ¡Un titipuchal de años! Entre otros, ahí se encuentran los restos del famoso Maximiliano de México, en un ataúd sencillo, sin ningún adorno, tan sólo una pequeña placa que, en alemán, explica de quien se trata. Lo que sí llamó mi atención es la presencia de varias banderitas mexicanas, botellitas de tequila (de esas que venden con un sarape y un sombrerito que dice "Viva México ca..." en cualquier tienda de recuerdos del aeropuerto o de las zonas arqueológicas y que a los gringos les encantan), flores y una que otra carta. Nostalgia de algunos monárquicos trasnochados.

Tumba de Maximiliano


Algunas de las tumbas, especialmente las del siglo XVIII, son realmente fabulosas, dignas del estilo barroco en el cual están construidas. Especialmente llamó mi atención la de la emperatriz María Teresa, a la que por ser mujer no querían dejar que reinara, lo que provocó la sangrienta guerra de sucesión austriaca que, para variar, involucró a la mayoría de los países europeos. Por cierto, María Teresa fue la mamá de la famosa María Antonieta, esa a la que guillotinaron los franceses cuando querían hacerle un corte de pelo muy de moda en aquella época.

Tumba de María Teresa


Saliendo de ahí fuimos a comer, pues el hambre ya era canija. Comimos delicioso. La verdad es que les debo el nombre del restaurante, pues no lo recuerdo, pero si puedo asegurarles que nuestro primer encuentro con la comida austriaca fue muy bueno. Comimos un aperitivo que incluía queso de oveja, después un arroz muy bien preparado y carne de res de primera.

Al terminar, nos quedamos sentados un poco más para descansar los pies y hacer algo de tiempo antes de dirigirnos a nuestro primer destino musical. Habíamos comprado desde Nueva York boletos para un concierto de Mozart en una capilla en la que él había tocado en vivo y a todo color. Los boletos decían que el concierto era en la Casa de Mozart, y tras localizarla en el mapa, nos dirigimos a ella. Por suerte no quedaba lejos, pues como normalmente nos ocurre, ya íbamos con el tiempo justo. Al llegar, entramos y preguntamos por el concierto. La persona que se encontraba en la puerta nos miró con extrañeza y nos preguntó que cual concierto. Le enseñamos los boletos y nos dijo que no era ahí, que ese era el Museo de la Casa de Mozart y el concierto era en una capilla que se encontraba dos calles más allá. Así que allá vamos corriendo entre el frío y la nieve. Y en balde, porque cuando llegamos apenas estaban saliendo los de la función anterior y faltaban como diez minutos para que empezara la nuestra. Es decir que iba a empezar tarde. Y luego presumen de la puntualidad de la raza germánica.

La Sala Terrena


La capilla en cuestión, llamada "Sala Terrena", es un hermoso ejemplo de la decoración barroca. Es muy pequeña pero está profusamente decorada. Mozart trabajó muchas veces en ella, tocando para el obispo Colloredo en 1781. La música estaba a cargo del cuarteto Mozart Ensemble. El lugar era espectacular y el cuarteto también. Fue una velada muy agradable, aunque al final, ya nos estábamos cayendo de sueño, así que al salir, nos dirigimos de inmediato al metro para llegar al hotel. Esa noche dormimos como troncos.

(Continuará)

miércoles, 6 de mayo de 2015

EL DÍA EN QUE LOS EXTRATERRESTRES INVADIERON LA TIERRA

Pues sí. Aunque suene algo extraño, no crean que estoy borracho. Sucedió. Los extraterrestres nos invadieron causando el caos en muchos lugares de los Estados Unidos (por suerte solo ahí). Pero no se asusten. Se trató de una emisión por radio de una adaptación de la famosa obra de H.G. Wells "La guerra de los mundos", llevada a cabo con maestría por el entonces joven actor y periodista Orson Welles. Pero hay que ver la que armó.

Resulta que Welles tenía un popular programa de radio en la CBS en el que transmitía adaptaciones de grandes obras de la literatura, junto con sus compañeros de la compañía Mercury Theater. El 30 de octubre de 1938 estaba programada la transmisión de la obra mencionada, en la que participaban dos personajes básicamente: el profesor Pierson, un científico que explicaba lo que estaba ocurriendo (interpretado por Welles) y el periodista de la CBS Carl Philips (interpretado por otro actor).

Orson Welles

Como siempre ocurría en el programa, al inicio un locutor hizo las presentaciones y le cedió la palabra a Welles, quien después de anunciar que todo era ficción, comenzó leyendo el primer párrafo de la novela con un tono dramático.

“Nadie hubiera creído, en los últimos años del siglo XIX, que a nuestro mundo lo observaban minuciosamente inteligencias mayores que las del hombre, aunque mortales como él; que, mientras los hombres se ocupaban de sus diversos asuntos, alguien los vigilaba y los estudiaba, quizá tan detalladamente como un hombre con un microscopio podría vigilar a las pequeñas criaturas que medran y proliferan en una gota de agua. Con infinita complacencia, los hombres fueron de un lado a otro por el planeta ocupándose de sus pequeños asuntos, seguros de su dominio sobre la materia. Tal vez los microbios que vemos al microscopio hacen lo mismo. Nadie pensó que los mundos más antiguos del espacio pudieran ser fuente de peligro para la humanidad. Sólo pensamos en ellos para desechar la idea de que pudieran albergar vida. Es extraño recordar los hábitos mentales de aquellos días. Cuando mucho, los hombres se imaginaban que en Marte vivían otros hombres, quizá inferiores a ellos y dispuestos a recibir emisarios terrestres. Pero a través de las enormes distancias espaciales, unas mentes que son a las nuestras como las nuestras a las de las bestias, unos intelectos vastos, fríos y crueles, miraban a la Tierra con envidia, y, lenta pero inexorablemente, fraguaron planes contra nosotros. Entonces, a principios del siglo XX, se produjo la gran revelación”.

Welles ante los micrófonos de la CBS.

Como siempre ocurre, no todos los oyentes del programa encienden la radio a tiempo para escuchar todo el programa, pues siempre hay bastantes que, por angas o por mangas, lo hacen con algo de retraso. Los que la hubieran encendido en ese momento, aun hubieran podido distinguir que se trataba de una adaptación de la novela. Hasta ahí no había problema. El problema vino con los que encendieron la radio después y comenzaron a escuchar el programa con algo de retraso. Y es que resulta que para esa obra en especial, Welles había decidido cambiar el formato del programa, y en vez de dedicarse a leer la novela en turno, como había hecho en programas anteriores, decidió disfrazar el programa como si fuera uno de música que bruscamente es interrumpido por la noticia de que los extraterrestres nos han invadido. Además, trasladó la historia de Londres (donde se producía en la novela) a los Estados Unidos para hacerla más cercana a los radioescuchas.

La emisión comenzó de la siguiente manera: "Señoras y señores, les presentamos el último boletín de Intercontinental Radio News. Desde Toronto, el profesor Morse de la Universidad de McGill informa que ha observado un total de tres explosiones del planeta Marte entre las 7:45P.M. y las 9:20P.M".

Después regresaban a la banda de música que supuestamente estaba en vivo desde el Hotel Meridian Plaza de Nueva York, y periódicamente la interrumpían para continuar informando de lo que ocurría en Marte. Un segundo corte informativo decía lo siguiente: "Señoras y señores, interrumpimos nuestro programa de baile para comunicarles una noticia de último minuto procedente de la agencia Intercontinental Radio. El profesor Farrel del Observatorio de Mount Jennings de Chicago reporta que se ha observado en el planeta Marte algunas explosiones que se dirigen a la Tierra con enorme rapidez... Continuaremos informando". Y regresaban a la música.

Después se anunciaba que un objeto cilíndrico había caído en Nueva Jersey, en un lugar llamado Grovers Mill. Al lugar acudía el falso reportero Carl Philips, quien comenzaba a reportar, supuestamente en vivo, lo siguiente: "Señoras y señores, esto es lo más terrorífico que nunca he presenciado... ¡Espera un minuto! Alguien está avanzando desde el fondo del hoyo. Alguien... o algo. Puedo ver escudriñando desde ese hoyo negro dos discos luminosos... ¿Son ojos? Puede que sean una cara. Puede que sea..."

Previamente, una nueva interrupción en el programa musical, anunciaba la presencia del profesor Pierce, quien decía lo siguiente:"Damas y caballeros, tengo que anunciarles una grave noticia. Por increíble que parezca, tanto las observaciones científicas como la más palpable realidad nos obligan a creer que los extraños seres que han aterrizado esta noche en una zona rural de Jersey son la vanguardia de un ejército invasor procedente del planeta Marte..."

Para esos momentos, más de 12 millones de personas estaban escuchando el programa y el pánico comenzó a surgir. Los que no habían escuchado el principio de la transmisión, que eran la mayoría, creyeron que se trataba de una invasión real. La histeria se comenzó a extender por Nueva York y Nueva Jersey. La explicación al por qué no habían escuchado el programa desde su inicio era sencilla. La cadena rival de la CBS emitía a la misma hora el programa más popular de la radio en ese entonces, el show de Charlie McCarthy. Cuando se dio el primer corte publicitario a los diez minutos, muchos oyentes le cambiaron al programa de Welles y se toparon de lleno con los supuestos "cortes informativos" que anunciaban las explosiones en Marte, lo que.captó la atención de la mayoría. Casi nadie volvió entonces a sintonizar a Charlie McCarthy.

Cuando cundió la histeria, los teléfonos de las comisarías de policía y de las estaciones de radio se saturaron ante la gran cantidad de gente que quería información. Esto provocó más caos, en especial cuando el supuesto reportero Philips anunciaba que los marcianos comenzaron a atacar a las personas con un gas venenoso. El mismo Philips, un rato después, fue víctima de este gas, lo que hizo que el profesor Pierce continuara la transmisión ante la supuesta muerte del reportero.

Mucha gente en Nueva York se refugió en los sótanos de sus casas armados con lo que pudieron encontrar. Otros se cubrieron el rostro con trapos para protegerse del gas venenoso. En los pueblos pequeños mucha gente abandonó sus hogares para buscar refugio en el campo, colapsando las carreteras de la costa este. Otros más se dirigían a las cadenas de radio locales para anunciar que habían visto a los extraterrestres. ¡Vaya con la que se armó!

Cuarenta minutos después de iniciado el programa, Welles volvió a advertir que se trataba de una ficción, pero para esos momentos ya nadie prestaba atención. Incluso algunos creyeron que, en lugar de marcianos, se trataba de una invasión de la Alemania nazi. A ese grado había llegado el caos. 

A los 60 minutos de iniciado el programa, Welles dio las gracias al público y dio por terminada la transmisión, no sin volver a anunciar antes que tan solo se había tratado de la adaptación al radio de la famosa novela del autor inglés H.G. Wells.

El día que Orson Welles sembró el pánico con «La guerra de los mundos»
Welles al día siguiente de la transmisión explicando lo que ocurrió.

Cuando la gente descubrió que todo había sido mentira, el caos se transformó en indignación. Sin embargo, en lugar de destruir la carrera de Welles, esto la catapultó, además de servir para demostrar el poder de los medios de comunicación masiva y la facilidad con la que una noticia falsa podía ser difundida. Entre otras cosas, Welles obtuvo un contrato para filmar una de las mejores películas de la historia, Citizen Kane, filmada en 1941.

¿Y quieren saber lo peor de todo? Que esta historia se volvió a repetir en otros países con idénticos resultados. El 12 de febrero de 1949 Radio Quito, en Ecuador, hizo lo mismo, provocando la misma histeria. Cuando la gente descubrió la verdad, apedrearon la sede de la emisora y le prendieron fuego. Cinco personas murieron entre las llamas sin que la policía o los bomberos, indignados también, los ayudaran.

En 1998, cuando se cumplían los 60 años de la transmisión de Welles, en Portugal y en México ésta se volvió a realizar. En el caso de México, la acción se trasladó a Morelos, donde la emisora de radio XEART, la señal 152 en el estado se encargó de llevarla a cabo con una adaptación del divulgador científico mexicano Andrés Eloy Martínez Rojas. El gobierno de México procedió, ante los rumores generados, a una búsqueda exhaustiva de los restos de un supuesto meteorito, mismo que nunca encontró.

Si bien ninguna de las adaptaciones posteriores causaron el pánico y la histeria de la original de Welles, siguen demostrando el enorme poder de los medios de comunicación masiva, lo que nos obliga a tomar con precaución lo que escuchemos en ellos. En la actualidad la radio ya no tiene la importancia de antes, pero todos hemos sido testigos de la enorme cantidad de rumores y noticias falsas que nos dicen por televisión o circulan por internet. Así que mucho cuidado.

Aquí les dejo el link para escuchar la grabación original del programa de Welles, en inglés pero con subtítulos en español.




martes, 5 de mayo de 2015

LA BATALLA DEL 5 DE MAYO, ¿VICTORIA MEXICANA O DERROTA FRANCESA?

El día de hoy se celebra en México y en los Estados Unidos (aunque más en este último país) el 153 aniversario de la Batalla del 5 de Mayo en Puebla, en la que las tropas mexicanas al mando del general Ignacio Zaragoza derrotaron a las tropas francesas al mando del general Lorencez. Toda una hazaña si tomamos en cuenta que en esos momentos el ejército francés era considerado como el mejor del mundo.

En efecto, las tropas francesas que llegaron a México a principios del año de 1862 eran las mismas que habían participado en la Guerra de Crimea, donde derrotaron al Imperio Ruso; en la guerra contra Austria, donde vencieron en las batallas de Magenta y Solferino; en la ocupación de Argelia, Indochina y otras regiones del mundo, en las que siempre demostraron un gran valor y pericia militar.

Ignacio Zaragoza se ganó el derecho a estar en los billetes de 500 pesos

Pero, ¿qué fue lo que ocasionó que esos temibles guerreros llegaran a suelo mexicano con ganas de repetir ahí sus hazañas bélicas? ¿Por qué Napoleón III de Francia envió sus tropas contra nuestro país? ¿Pues qué le hicimos? Si siempre nos portamos bien.

Pues resulta que en aquellos años Napoleón III estaba empeñado en formar un imperio ultramarino que compitiera con el británico. Sus tropas ya estaban incursionando en África y en Asia, ganando batallas en Europa y mostrando al mundo que Francia era la nueva potencia. Pero de tiempo atrás el emperador francés, del que ya se sospecha que en realidad no era sobrino del famoso Napoleón, tenía metido entre ceja y ceja que tenía que hacer algo para frenar el poderío de los Estados Unidos en América. En esa época, si bien los estadounidenses no eran ni de lejos la gran potencia que son ahora, ya eran un país con una fuerza respetable, pero que tenían la idea de que América debía de ser para ellos y ninguna potencia europea debía meterse ahí. Y Napoleón el Pequeño se preguntaba todas las noches: ¿y por qué no?

Napoleón III

Pero de repente, los astros se le alinearon, consultó su horóscopo con Walter Mercado y decidió que era el momento de poner "un dique a los Estados Unidos", según sus propias palabras. ¿Pues qué había pasado que estaba tan contento el muchacho?

Resulta que de tiempo atrás, un grupo de mexicanos, partidarios de crear un imperio en México ante el desastre que era el país y el gobierno republicano, estaban en Europa tratando de interesar a algún soberano en su proyecto. Pero ninguno se dejaba convencer. La favorita era la reina Isabel II de España, a la que ganas no le faltaban, aunque si medios y tiempo, pues la pobre gobernaba, bastante mal por cierto, un país sumido en la anarquía. Así que de vez en cuando los monárquicos mexicanos habían ido de vez en cuando a tocar otras puertas, incluyendo la francesa, donde la emperatriz, española de nacimiento, se comenzó a entusiasmar con el proyecto. El problema era que su marido, tan deseoso de pararle los pies al expansionismo de nuestros vecinos del norte, sabía que tampoco era cosa de irse a pelear abiertamente con ellos a menos que quisiera arriesgarse a una más que posible derrota y humillación.

Pero en eso, el segundo de los astros se alineó con el primero. En marzo de 1861 los estados de Carolina del Sur, Misisipi, Florida, Alabama, Georgia, Luisiana y Texas decidieron independizarse y formar su propio país, al que llamaron los Estados Confederados de América. Un mes después se les unieron Virginia, Arkansas, Carolina del Norte y Tennessee, con lo que ya eran 11 los separatistas. Esto provocó el estallido de la guerra civil en los Estados Unidos, la primera y única que ha sufrido ese país. ¿Que por qué se separaron? Pues por que los del sur estaban a favor del trabajo no remunerado, es decir, de la esclavitud. Y como el nuevo presidente del país, Abraham Lincoln, estaba necio en que a todos los trabajadores se les tenía que pagar, pues los sureños decidieron separarse para conservar su amado estilo de vida (véase "Lo que el viento se llevó").

Los Estados Confederados de América

Cuando Napoleón III se enteró, brincó de gusto, pues si los americanos estaban ocupados peleando entre sí no podrían interferir con sus planes de establecer un protectorado en sus propias narices. Y para colmar su alegría, el gobierno mexicano encabezado por Benito Juárez le dio el pretexto que necesitaba. Ese mismo año de 1861, con México recién salido de su propia guerra civil que había durado tres años, el presidente decretó la suspensión de pagos de la deuda externa, alegando con toda razón que el país se encontraba en la más absoluta miseria. Sin embargo, no negó las deudas ni tampoco su pago, tan sólo anunció que éste se retrasaría un poco, en lo que el país se recuperaba. En otras palabras: "debo, no niego; pago, no tengo".

Fueron tres los países más afectados por esta medida: Inglaterra, Francia y España, así que sin pensarlo mucho formaron una especia de alianza y se presentaron frente a las costas mexicanas con ánimo de exigir el pago que se les debía. Los primeros que legaron fueron los españoles, que aprovechando su oportuna presencia en Cuba, aun colonia de ellos, llegaron a Veracruz con 6,000 soldados en diciembre de 1861. En enero del año siguiente se les unieron 3,000 franceses y 800 ingleses. Inmediatamente el gobierno mexicano, que sabía que era una locura pelear contra estas tres potencias, envió emisarios para negociar, encabezados por Manuel Doblado.

Lo primero que exigieron los europeos, antes inclusive del pago de la deuda, es que se les dejara salir de Veracruz. No, no es que no les gustara el puerto jarocho ni que ya se hubieran cansado del desayunar diario en el Café de la Parroquia. Lo que sucedía era que en esa temporada del año las costas veracruzanas eran muy peligrosas para aquellos que no estaban acostumbrados a su clima, y las enfermedades estaban comenzando a diezmar a las fuerzas invasoras, por lo que amablemente y un poco desesperados, solicitaron se les permitiera acampar en Córdoba y Orizaba, un poco más al interior y con un clima más agradable. ¡Ni aguantaban nada! ¿No que muy valientes?

Un zuavo francés

Y el gobierno mexicano accedió a su petición para evitar que lo tacharan de bárbaro. Me pregunto si los europeos hubieran hecho lo mismo y mi respuesta suele ser que no. Una vez instalados en esas hermosas ciudades, y ya tranquilizados por su salud, comenzaron las negociaciones. Después de algunos dimes y diretes, en los que no faltaron gritos y sombrerazos, se firmaron los Tratados de La Soledad, cuyo nombre no se debe a la soledad en la que se encontraba México, sino a la hacienda de ese nombre donde se reunieron los negociadores. México se comprometía a pagar su deuda lo más pronto posible. Con ello, ingleses y españoles se dieron por satisfechos y se retiraron, pero no así los franceses, para quienes lo de la deuda había sido solo el pretexto para llevar sus tropas a México.

Así que sin decir ni agua va y sin pedir permiso a nadie, desconocieron los tratados que acababan de firmar y se dirigieron a Puebla con la intención de tomarla para después dirigirse a la capital. Al frente de los franceses se encontraba el general Lorencez, quien había recibido otros 3,000 soldados de refuerzo. entre los que se encontraban los famosos zuavos, soldados de origen argelino que vestían unos llamativos pantalones rojos bombachos. También lo acompañaban algunos militares mexicanos que, llevados por su odio a Benito Juárez, decidieron apoyar la invasión. Entre ellos se encontraba el famoso Juan Nepomuceno Almonte, el hijo del gran Morelos, Antonio de Haro y Tamariz y Leonardo Márquez, mejor conocido en los bajos fondos como "el Tigre de Tacubaya".

El gobierno mexicano tomó entonces una decisión muy arriesgada. Envió a la mayor parte de su ejército a defender Puebla. Las tropas estaban al mando del general Ignacio Zaragoza, nacido en Texas cuando esa provincia aun era mexicana. Contaba con casi 5,000 soldados y algunos cuantos voluntarios, entre ellos indígenas de la sierra de Puebla, a los que la tradición popular hizo originarios de Zacapoaxtla, aunque en realidad, muy pocos venían de ese hermoso pueblo, pues la mayoría eran originarios del Pueblo Mágico de Cuetzálan. Inmediatamente Zaragoza ordenó la fortificación de dos pequeños cerros que se encontraban frente a la ciudad, a un lado del camino que llevaba a Veracruz y que era por donde venían los franceses. En esos cerros había dos pequeñas capillas, una dedicada a la virgen de Guadalupe y la otra a la virgen de Loreto, lo que dio  nombre a los fuertes que ahí se levantaron, que en realidad no eran sino unos cuantos terraplenes y fosos, pues no hubo tiempo para más.

El vanidoso Lorencez

Cuando llegaron los franceses, Almonte le aconsejó a Lorencez que pasaran de los fuertes y atacaran la ciudad por el sur. Pero el francés se enojó. ¿Cómo se atrevía ese mexicano a darle consejos a él, veterano del mejor ejército del mundo? ¿Rodear la ciudad? ¿Para que piensen que son unos cobardes? Eso nunca. Lorencez estaba convencido de que los soldados mexicanos se retirarían asustados en cuanto vieran avanzar a los famosos zuavos y a los Cazadores de África, famoso cuerpo de caballería del ejército galo. Estaba tan convencido de la superioridad de sus tropas que, sin pensarlo mucho, les ordenó tomar por asalto los dos fuertes y masacrar a cuanto mexicano encontraran.

Y como buenos soldados, los franceses se limitaron a obedecer órdenes por más descabelladas que estas parezcan. Comenzaron a subir los cerros y desde arriba los mexicanos los tomaron como dianas en un puesto de tiro al blanco en alguna feria pueblerina. Y van para abajo. Y Lorencez, furioso, les ordena volver a subir. Pero los mexicanos, a las órdenes de los generales Méndez, Berriozábal, Lamadrid y Porfirio Díaz, los volvieron a bajar.

Asalto al fuerte de Loreto

En eso, comenzó a llover (recuérdese que era temporada de lluvias), pero con todo y todo los franceses lo volvieron a intentar. Fue aquí cuando se produjo la famosa carga de los de Zacapoaxtla, que en realidad eran de Cuetzálan. Total, que los franceses se tuvieron que retirar, pero en esta ocasión no pararon hasta llegar a Amozoc. Porfirio Díaz, joven e impetuoso, quería perseguirlos con la caballería para terminar de rematarlos, pero Zaragoza, más prudente, lo prohibió.

Inmediatamente se mandó un telegrama a la ciudad de México, donde Juárez y sus ministros tenían ya preparadas las maletas y comprados los boletos de camión para dirigirse a Querétaro, pues no creían que Zaragoza pudiera detener a los franceses. ¡Hombres de poca fe! El telegrama, entre otras cosas, traía una frase que se ha vuelto memorable: "¡Las armas del Supremo Gobierno se han cubierto de gloria!". Aliviado, Juárez comenzó le pidió a su esposa que deshiciera la maleta mientras él iba a pelear el reembolso de su boleto a la compañía de camiones.



Cuando las noticias llegaron a Francia, Napoleón III montó en cólera. Dicen los que saben que rompió jarrones chinos, pateó sillas muy finas y gritó cuantas groserías en francés, inglés, alemán y español se sabía. De inmediato ordenó que se le enviara un telegrama a Lorencez, anunciándole que su presencia era requerida en París. Seguramente no era para felicitarlo y darle una medallita. Después mandó llamar al general Forey y le ordenó que se dirigiera a México, pero esta vez acompañado de 30,000 soldados y de una advertencia: no se toleraría otro fracaso.

Los reyes europeos se pitorrearon de su colega francés y según contó uno de sus sirvientes, el rey de Prusia le envió unos tamalitos, "quesque para el coraje".

Un año después, en 1863, Forey sitiaba la ciudad de Puebla y, tras capturarla junto con una gran cantidad de generales mexicanos, ocupó la ciudad de México, a la que llegó, al año siguiente, el flamante emperador Maximiliano I de Habsburgo, hermano del emperador de Austria.

Nadie pone en duda el valor desplegado por los mexicanos en la batalla. De que se la rifaron, se la rifaron. Pero siempre me pregunto: ¿qué hubiera pasado si en lugar del pesado y vanidoso Lorencez hubiera mandado las tropas francesas un general más competente? ¿Habría ganado Zaragoza la batalla? ¿A los franceses los derrotaron los mexicanos o su propio orgullo y desprecio por los nuestros? Nunca lo sabremos, aunque las apuestas, de una u otra forma, estaban en contra de los mexicanos. Por eso mismo, siempre cabe la duda de si fue una victoria mexicana o una derrota francesa.

Y no podía faltar la película, desde luego.

Curiosamente, y trasladándonos al presente, el 5 de Mayo se ha convertido en una gran fiesta, pero curiosamente no en México, sino en los Estados Unidos, donde inclusive hay gente que piensa que se trata de la independencia mexicana. Ese día hay desfiles en las principales ciudades, diversos eventos culturales y kermeses e incluso el presidente de los Estados Unidos da un discurso en la Casa Blanca. ¿Por qué será?

En mi opinión, al ser los mexicanos una minoría oprimida en suelo yanqui, celebrar esta victoria sobre los franceses es una forma de reafirmar el orgullo patrio, de demostrarnos que si nos unimos, somos capaces de derrotar a cualquiera que se nos ponga al brinco. Aunque la terca realidad se empeñe en demostrarnos lo contrario, pues lo que más nos falta, es unidad.

¿O ustedes que opinan?



lunes, 4 de mayo de 2015

AUSTERLITZ: LA MEJOR MUESTRA DEL GENIO MILITAR DE NAPOLEÓN

Cansado de la hostilidad inglesa que se negaba a aceptar el predominio francés al mando de Napoleón Bonaparte, éste había decidido invadir la isla. Para ello comenzó a reunir un gran ejército en el campamento de Boulogne. Claro que una cosa era reunir las tropas y otra muy distinta poder mandarlas a Inglaterra, pues a fin de cuentas ésta tenía el dominio absoluto del mar. Napoleón había buscado la ayuda española para, con la reunión de ambas flotas, derrotar a la inglesa. Sin embargo, el 21 de octubre de 1805 el genial almirante inglés Horatio Nelson puso fin a este intento, derrotando a la flota francoespañola en la batalla de Trafalgar, aunque eso le costó la vida al almirante inglés.

Napoleón en 1805
Por otro lado, consciente del peligro, Inglaterra había buscado ayuda en el exterior, y con el apoyo de Suecia, Austria y Rusia formó la llamada Tercera Coalición contra Francia. El emperador francés no perdió el tiempo y ordenó a sus tropas cruzar el Rin y dirigirse a territorio austriaco. El 20 de octubre de 1805 derrotó a un ejército austriaco en Ulm, capturando a más de 60,000 soldados enemigos, y en noviembre capturó Viena, la capital imperial.

Francisco II de Austria
A principios de diciembre, las tropas francesas se encontraron por fin con el grueso del ejército austriaco y con el ejército ruso, al mando de sus respectivos emperadores, Francisco II y Alejandro I, en las cercanías del pequeño castillo de Austerlitz, actualmente en territorio de la República Checa. Era el 2 de diciembre de 1805 o 11 Frimario del año XIV de acuerdo con el Calendario Republicano Francés.

Alejandro I de Rusia
Napoleón comenzó de inmediato a inspeccionar el terreno para preparar su plan de batalla. Hecho esto, desplegó sus tropas de la siguiente manera: el ala izquierda, al mando de los mariscales Lannes y Murat se apoyaría en un pequeño cerro llamado el Santón; el centro, al mando del mariscal Soult y del propio Napoleón, estaría frente al pantano de Kobelnitz y la meseta de Pratzen; y el ala derecha, al mando del mariscal Davout y el general Friant, estaría en los pueblos de Telnitz y Sokolnitz. La reserva, al mando del mariscal Bernadotte, contaba con las famosas divisiones de la Guardia Imperial. Ambos ejércitos estaban separados por un pequeño riachuelo llamado Goldbach.

Posiciones iniciales. En azul, los franceses. En rojo, los austrorrusos.

La idea de Napoleón era mostrar un ala derecha débil para atraer hacia ella a los enemigos, haciendo que desalojaran el centro, para a continuación penetrar él en Pratzen y cortar en dos a los rusos y austriacos. Era una trampa muy bien tendida y los austrorrusos cayeron en ella.

A las cuatro de la mañana del 2 de diciembre de 1805 tres columnas del ejército ruso, apoyadas por parte de la caballería austriaca, comenzaron a moverse en dirección a los pueblos de Telnitz y Sokolnitz, desalojando poco a poco su centro en la meseta de Pratzen. Habían caído en la trampa. Las mandaba el general Buxhoewden, un aristócrata que no tenía ninguna idea de cómo dirigir a sus soldados pero que sí tenía muchos títulos nobiliarios que le habían permitido comprar el grado de general.

En ese lugar la batalla fue muy reñida, Ambos pueblos cambiaron de dueño en varias ocasiones, pero al final, los franceses lograron resistir. Ese día, Davout y Friant resistieron con 7,500 soldados el ataque de más de 35,000 enemigos. Toda una hazaña.



Mientras tanto, las divisiones francesas de Vandamme y Saint-Hilaire se lanzaron sobre Pratzen, tomando totalmente desprevenidos a los austrorrusos, que estaban al mando del general Kutusov. En una hora se apoderaron de la meseta y pusieron en fuga a los hombres de Kutusov. En el ala izquierda francesa, al mismo tiempo, los mariscales Lannes y Murat hacían frente a las tropas rusas del general Bagration y a la caballería austriaca del príncipe de Liechtenstein. Ahí también, tras un reñido combate, los franceses consiguieron imponerse, obligando a la caballería austriaca a retirarse desordenadamente.

Pero en esos momentos, el general Langeron, que había visto el combate que se desarrollaba en Pratzen, había dado media vuelta con su columna, abandonando el pueblo de Sokolnitz y había regresado en ayuda de Kutusov, lo que permitió a éste recobrar la ofensiva. De repente, el batallón de José Bonaparte, hermano de Napoleón, fue atacado por los húsares rusos del Gran Duque Constantino, hermano del emperador Alejandro. Al darse cuenta de eso, Napoleón mandó en su ayuda a los mamelucos del general Rapp. Éstos eran unos jinetes egipcios que combatían al lado de Napoleón desde que éste había estado en ese país. Normalmente se lanzaban a la carga gritando, lo que sembró el pánico entre los jinetes rusos, que en su mayor parte eran jóvenes aristócratas que nunca antes habían combatido. Los mamelucos los barrieron y uno de ellos, llamado Mustafá (es como decir Juan en México) estuvo a punto de capturar al Gran Duque, pero éste disparó sobre su caballo, lo que le permitió huir.



A la una de la tarde, los austrorrusos estaban en total retirada.Derrotados en el centro y el ala izquierda, tan sólo seguían combatiendo en el ala derecha. Napoleón mandó entonces en ayuda de Davout y de Friant a las divisiones del mariscal Soult. Esto permitió a los franceses derrotar a las últimas tropas enemigas que seguían en pie de lucha.

Los austrorrusos trataron de huir cruzando los pantanos helados, pero el hielo no pudo soportar el peso de tantos hombres y comenzó a ceder. Además, la artillería francesa, al disparar sobre ellos, también ayudó a romper la capa de hielo y, al final, éste cedió, llevándose al fondo helado a cientos de soldados austriacos y rusos.

Recreación histórica de la batalla.
El desastre fue total. Los dos emperadores aliados huyeron de Austerlitz, mientras enviaban emisarios a pactar con Napoleón. En la proclama de la victoria, que éste había ordenado distribuir entre sus soldados, se decía lo siguiente: "Soldados, cuando terminemos de hacer lo que es necesario para garantizar la felicidad y la prosperidad de nuestra patria los volveré a Francia; y una vez allí los haré rodear de las mayores atenciones. Serán vistos de nuevo con alegría por mi pueblo y les bastará decir 'yo estuve en la batalla de Austerlitz' para que les respondan: 'he aquí un héroe'."

Esta victoria puso fin a la Tercera Coalición. Los rusos se retiraron a su país, mientras que Austria tuvo que ceder territorios a Francia como botín de guerra, además de pagar 40 millones de francos. Los austrorrusos perdieron el 37% de sus hombres entre muertos, heridos y prisioneros, mientras que los franceses el 13%.

Otra consecuencia de la victoria fue la desaparición definitiva del Sacro Imperio Romano Germánico, creado en el año 962 y que abarcaba a todos los reinos y principados alemanes y austriacos, así como el norte de Italia. El más famoso de sus emperadores había sido Carlos V, quien también fue rey de España. Napoleón lo disolvió en 1806, sustituyéndolo por la Confederación del Rin, de la que Austria quedó fuera.

Una vez recibido el dinero de Austria, Napoleón lo distribuyó entre sus soldados, otorgando también una generosa pensión a las viudas y los huérfanos de los caídos en la batalla. Así cumplió su promesa de cuidar de ellos.

Sin embargo, poco duró la paz. Al año siguiente Prusia, apoyada por Inglaterra y Rusia, se lanzó de nuevo contra Francia en lo que se conoció como la Cuarta Coalición. Aunque Napoleón volvió a derrotar a todos sus enemigos, nunca volvió a hacerlo como en Austerlitz.

Los principios tácticos y estratégicos de esta batalla aun siguen siendo estudiados en muchas academias militares en todo el mundo.

La carga de los mamelucos

Napoleón fue un gran militar y sus campañas sirvieron para esparcir los ideales de la Revolución Francesa por toda Europa, lo que en los años siguientes a su derrota definitiva en Waterloo (1815), cambiaría completamente el rostro del Viejo Continente, poniendo fin a las monarquías absolutistas y dando paso a las nuevas monarquías constitucionales. Claro que para esto tuvieron que estallar nuevas revoluciones.

Sin embargo, por otro lado, la estela de muerte y destrucción que dejó a su paso el ejército francés, convierten a Napoleón en uno de los hombres más terribles que hayan existido. Si bien era un excelente general, también era un hombre ambicioso y cruel, que no dudaba en sacrificar a sus soldados en campañas insensatas, aprovechando la gran devoción que estos le tenían.

Si les interesa saber más sobre el tema, existe una muy amplia bibliografía, pero yo les recomiendo en especial el libro Austerlitz: la batalla de los emperadores, de Pierre Miquel, así como Guerra y Paz, de León Tolstoi. Asimismo, se han hecho varias películas sobre la batalla. Quizá la mejor, en mi opinión, es la realizada en Francia en 1960, dirigida por Abel Gance.

Este es el link para la película de Abel Gance:
https://www.youtube.com/watch?v=rb0Sy7Clstw


sábado, 2 de mayo de 2015

EL MEJOR EJEMPLO DE LA ESTUPIDEZ HUMANA: LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL

Hace 70 años estaba terminando la guerra en Europa, después de casi 6 años de destrucción, locura y odio, generados en su mayor parte por el hombre que dirigía los destinos de Alemania, aunque tampoco se salvan de culpa los demás países implicados y sus dirigentes.

El mayor responsable de la tragedia


Un día como hoy, 2 de mayo de 1945, las pocas tropas alemanas que aun resistían en Berlín el embate de los ejércitos soviéticos, finalmente se rindieron, entregando una ciudad en ruinas y con una población diezmada y hambrienta. Hitler se había suicidado dos días antes, el 30 de abril, junto con su esposa Eva Braun y el Ministro de Propaganda Joseph Goebbels con toda su familia. A partir de ese momento comenzarían los peores días para los berlineses, pues los soldados soviéticos, acuciados por su máximo líder, Josef Stalin, se lanzaron a una entendible aunque injustificable venganza. Las tropas alemanas habían cometido todo tipo de atrocidades en suelo soviético con la población civil, así que ahora les tocaba el turno a ellos de sufrir el mismo destino. La venganza fue atroz. Miles de muertos, decenas de miles de mujeres y niñas violadas y una ola de terror que tuvo en zozobra a los habitantes de la capital alemana durante semanas. Hasta la fecha, el gobierno ruso sigue negando que eso haya ocurrido, a pesar de los cientos de testimonios que en su momento se presentaron. Desde luego, eso no exculpa a los alemanes por lo que hicieron en la Unión Soviética.

Ruinas de Dresde


El mismo día, 2 de mayo, se rindieron las tropas alemanas que combatían en Italia y dos días después hicieron lo propio las que se encontraban en el norte de Alemania, Dinamarca, Noruega y Holanda. Todavía quedaron algunos rezagados que siguieron peleando hasta el día 12, a pesar de que el Alto Mando Alemán había firmado la rendición incondicional el 7 de mayo.

Aún quedaban los japoneses, por lo que los Estados Unidos e Inglaterra se dispusieron a continuar la guerra en Asia. Esta terminaría formalmente el 14 de agosto de 1945, cuando Japón se rindió sin condiciones después de que los Estados Unidos arrojaran las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki. Todavía, sin embargo, seguirían peleando en China, rindiéndose finalmente el 9 de septiembre de 1945. La guerra había durado 6 años con 9 días.

Las víctimas de siempre

Las consecuencias fueron terribles. He aquí algunos datos:

1) Aunque no es una cifra exacta, se calcula que murieron más de 61 millones de personas, de las cuales 42 millones y medio fueron civiles. Y eso sin contar a los que murieron por consecuencias indirectas de la guerra como hambrunas y enfermedades, porque entonces la cuenta sube a 100 millones. Esto significa entre el 2% y el 3% de la población mundial en ese entonces. Esas son las cifras más aceptadas.

2) El país que más muertos tuvo fue la Unión Soviética, con 8,700,000 soldados y 18,300,000 civiles muertos. En total, 27 millones de personas. Es decir que casi la mitad de los muertos los pusieron ellos.

3) Se calcula que murieron más de 6 millones de judíos en manos de los nazis. A esto se le llama el Holocausto. Sin embargo, en cierto modo los demás países tuvieron también algo de responsabilidad al negarse a recibir a los judíos que pretendían huir de Alemania antes de la guerra.

4) Fue la primera guerra en la que se utilizó el bombardeo masivo de ciudades como forma de derrotar al enemigo. París fue la única gran capital europea que casi no sufrió ninguno de estos bombardeos, gracias a que fue declarada ciudad abierta.

Alemania en ruinas

5) Varsovia fue la capital europea que sufrió más daños, pues fue destruida en un 90%. Otras ciudades con graves daños fueron Londres, Coventry, Caen, Rotterdam, Berlin, Dresde, Nuremberg, Leningrado (hoy San Petersburgo) y Stalingrado (hoy Volgogrado).

6) La Unión Soviética se anexionó Lituania, Letonia y Estonia, así como partes de Polonia, Finlandia y Rumania. A cambio, Polonia recibió Pomerania, Silesia y la mitad de Prusia Oriental, territorios que le tuvo que ceder Alemania.

Europa antes de la Segunda Guerra Mundial


Europa después de la Segunda Guerra Mundial

7) Al final de la guerra, Alemania y Austria quedaron divididas en cuatro zonas de influencia bajo el dominio de las cuatro potencias vencedoras: Estados Unidos, Reino Unido, Francia y la Unión Soviética. Durante cuatro años, dejaron de existir como naciones independientes.

8) El 1 de agosto de 1944 los habitantes de Varsovia, la capital polaca, se sublevaron contra los alemanes al saber que los soviéticos estaban frente a la ciudad. Sin embargo, en lugar de ayudarlos, éstos dejaron que los alemanes los masacraran. Murieron 200,000 polacos. De esta forma, la Unión Soviética buscaba dejar a los polacos demasiado debilitados para así poder imponer su dominio sobre el país.

9) Al terminar la guerra, los cambios en la frontera provocaron el éxodo de millones de personas. Muchas de ellas, principalmente alemanas, tuvieron que abandonar las tierras que habían habitado durante decenas de generaciones.

El éxodo de personas fue una constante durante la guerra.

10) Los daños materiales fueron incalculables. Además de las ciudades destruidas, se tienen que contabilizar las plantas industriales, los medios de transporte y las tierras agrícolas afectadas.

11) Europa perdió definitivamente su papel protagónico frente a las dos nuevas potencias mundiales: Estados Unidos y la Unión Soviética.

12) Aprovechando la debilidad de sus antiguas metrópolis, los pueblos de África, Asia y Oceanía iniciaron la lucha por su independencia de Europa.

13) Las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki han sido las únicas que han recibido un bombardeo nuclear en toda la historia.

Ruinas de Hiroshima


14) Participaron más de setenta países, incluyendo a México, en los combates terrestres, aéreos y navales. Hay que tener en cuenta que actualmente el número de países independientes es más del doble tras los procesos de descolonización, por lo que se puede afirmar que en la guerra participaron casi el 70% de los países existentes en ese momento.

15) América fue el único continente donde no hubo combates.


La Segunda Guerra Mundial fue sin duda la más destructiva de todas las guerras. Independientemente de las vidas perdidas, la destrucción material fue incalculable. Se perdieron para siempre obras de arte, edificios antiguos y documentos invaluables en África, Asia, Europa y Oceanía, no sólo por los bombardeos, sino también por la rapiña, los incendios y la destrucción premeditada. El mundo, y en especial Europa, no volvió a ser el mismo. Los sobrevivientes pasaron varios años de penurias en una Europa destrozada y con la amenaza de una nueva guerra.

Acabada la guerra, los vencedores crearon la Organización de las Naciones Unidas, una de cuyas principales tareas es evitar nuevos conflictos. Creo que es obvio que dicho organismo internacional ha fracasado completamente en ese aspecto, pues el ser humano, lejos de aprender la lección que le dejó la Segunda Guerra Mundial, ha continuado peleando, normalmente por tonterías.

¿Hasta cuándo dejaremos de ser tan imbéciles?